23 oct. 2014

Deux côtes opposúx [Parte 3]

Contenido +18 ChicoxChico.
Protagonista: Matthew Daniels (Oc) Con el nombre de Miette.
Esto es un relato de varios capítulos de ficción basado en una guerra, en un universo totalmente inventado. Los personajes y lo que sale en este relato es todo ficticio cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. De igual modo, el contenido de este relato puede resultar sensible por su contenido ideológico. Si no te gusta el género chicoxchico, o el echo de que esté ambientado en una guerra, así como posibles escenas pornográficas y/o grotescaste invito a no leer esto. Gracias por la atención.

Puse el descargo de responsabilidades por si acaso. No vaya a ser....

-->Capítulo 1<--
-->Capítulo 2<--
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3

Desperté con un terrible dolor en el cuerpo y la arena clavada en mi brazo, el cual, empezaba a temer, que se me estaba empezando a dormir. Mi visión era borrosa en ese instante pero pude adivinar que a mi alrededor no había nada. Bueno, eso de que no había nada... más bien no veía nada. La oscuridad me rodeaba en ese momento y el silencio también. Noté un escalofrío en mi espalda y abrí mucho los ojos, apoyando las palmas de mis manos en el suelo y poniéndome de rodillas para pegarme a alguna pared, notando como algo resbalaba de mis hombros a mis piernas y, a su vez, como algo tiraba de mi pierna para impedir movimiento alguno. Parpadeé un poco, notando el frío calarme hasta los huesos y miré hacia abajo sin distinguir apenas una mancha negra, un poco más oscura que el resto de la estancia. Moví mi cabeza mirando a mi alrededor cuando mis ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad, distinguiendo los objetos como manchas negras en un entorno gris oscuro. Se podía decir, entonces, que hablar de oscuridad era un termino inapropiado para este momento y que sería mejor denominarlo penumbra, pero creo que ha quedado bastante claro lo que quería decir en ese momento. Bajé mis manos a mis piernas y toqué la tela que había caído sobre estas. La palpé y la moví un poco notando que era una chaqueta. Parpadeé un poco, sorprendido y miré a mi alrededor. ¿Por qué tenía una chaqueta encima de mi? Era raro... pero ¿para que mentir? Ahora que notaba el frío a mi alrededor, no iba a tirar la chaqueta hacia otro lado, por muy de mi enemigo que fuera.

Levanté el trozo de tela y lo pasé alrededor de mis hombros, metiendo las manos en las mangas de esta. Enseguida, la tela hizo que me invadiera un reconfortante calor en el cuerpo. Mis manos no llegaban al borde de las mangas y quedaban escondidas en esta, mientras que el resto de la chaqueta cubría una gran parte de mi cuerpo. Decir que me quedaba grande era poco. Me quedaba enorme. Tragué un poco de saliva y me encogí un poco. Yo no estaba al mismo nivel que esta gente. Sencillamente, no estaba al mismo nivel que esos soldados. Agarré los bordes de la chaqueta y la cerré alrededor de mi cuerpo, abrigándome y resguardandome del frío. A su vez, intenté adelantar los pies, dandome cuenta, de nuevo, que algo ofrecía resistencia en uno de ellos. Algo frío, algo de metal. Me remangué un poco y bajé por mi pierna hasta notar como una esposa rodeaba mi tobillo, con su correspondiente cadena. La seguí y encontré el mástil de la tienda, el cual estaba profundamente metido en la tierra y, por tanto, inmóvil aunque yo moviera mi pie en contra . Suspiré un poco cansado, arrastrándome en silencio hasta el palo, sentándome al lado y encogiendo mis piernas, agarrándomelas y guardándolas bajo la chaqueta, quedando esta abrochada y justa.

Cerré mis ojos mientras temblaba un poco y apoyé mi cabeza sobre mis rodillas. Me dolía el cuerpo, me asqueaba como estaba.... Quería abrazar a mi hermana, quería despertar en mi cama como si nada hubiera sucedido. Pero sobre todas las cosas, quería que todo lo que me había pasado hasta ahora no fuera verdad, que se tratase de una pesadilla, de una horrible pesadilla interminable que solo me atormentaba en la noche. Y, aunque sonara estúpido, todavía mantenía una ligera esperanza de que fuera así.

Noté como el calor había remplazado el frío y como ahora una sensación agradable me invadía, junto con el sueño. Quizás estar vivo era lo peor que le podía pasara una persona, sobre todo estando en una condición como la que yo me encontraba.

*

A pesar de ya llevar un tiempo en este campamento, cosa no había cambiado en absoluto. Bueno... quizás un poco si había cambiado... me explico.

Los primeros días fueron como cuando me llevaron por primera vez a la cabaña de Loring, es decir, cuando menos me lo esperaba, me cogían de las manos, las alzaban y se aprovechaban de mi cuerpo de las maneras más inenarrables que uno puede imaginar. Una de las tretas que más han usado en este tiempo, era el intentar golpearme la cabeza.... o incluso dejar un cuchillo debajo de mi espalda, de manera que tenía que apoyar mis manos en el suelo o mis antebrazos para evitar morir apuñalado en el momento en el que se me ocurriera intentar empujarles lejos de mi. Gracias a eso, no podía empujarles ni mostrar fuerza en contra de ellos y, para mi maldita mala suerte, terminaba cada día más sucio que el anterior, más cansado y con mayores tentaciones de llegar y dejar que el cuchillo me matara o lo que fuera que quisieran ponerme. Pero tenerles en mi interior me resultaba, cada día, más asqueroso que el anterior. Era como si mi cuerpo se pudriera lentamente mientras ellos disfrutaban de lo que hacían, como si no pasara nada, como si meterme su maldito pene en el culo fuera lo más natural del mundo, como si tirarse a un hombre fuera normal. ¡¡No era normal!! Esto no era nada normal, pero esos gilipollas pensaban que si lo era, lo disfrutaban, demasiado para mi gusto.

Por otro lado, estaba Loring. A pesar de enterarme al día siguiente que, efectivamente había sido él quien me había dejado la chaqueta sobre mis hombros, su comportamiento hacia mi no había mejorado en absoluto. Algunos pensarían “oh, que mono, le ha dejado la chaqueta” pero la realidad es que no se diferenciaba mucho de los demás. La primera semana solo me dio agua para beber, pero no me dejo probar bocado.  A veces el olor de la comida llegaba a la cabaña haciéndoseme la boca agua, pero lo único que tenía en el plato era agua. Agua que a veces dejaba demasiado lejos de mi, y agua que muchas veces me terminaban tirando encima los compañeros de Loring, los cuales tenían acceso completo a la cabaña, como si fuera suya, para divertirse lo que quisieran. Pero, no puedo negar que sí empecé a notar un cambio poco después. Comenzó a dejarme el agua más cerca para poder beber y a partir de las tres semanas, empezó a traerme las sobras de la comida. Puede que suene a poco y a desesperado pero... llevaba tanto tiempo sin probar bocado que me supo a gloria. Así que si, estaba desesperado. Quizás demasiado. Pero ¿que culpa tengo? Semanas después de no comer, de no probar bocado, aunque fueran los restos que quedaban pegados a unas costillas, o el caldo o un poco de salsa, valía para pasar mi hambre. O al menos para engañar un poco a mi estómago y pensar que no necesitaba más.

También que decir que las perpetraciones a mi cuerpo por su parte no habían cesado. Incluso en ocasiones parecían aumentar. Dependía mucho del día, o eso creo yo. Pero lo que nunca cambiaba era que siempre, siempre, él lo tenía que hacer antes. Exceptuando el primer y segundo día, Loring se había autoproclamado el primero que tenía que tocarme y desde entonces, siempre ha sido de esa manera. Sus.... violaciones eran fuertes. Muchas veces me hacían gritar, pero no eran tan fuertes como las de sus compañeros, los cuales solían siempre venir en grupos grandes, intimidándome o rompiéndome en pedazos. A pesar de que él, podría decirse, era ligeramente más cuidadoso con mi cuerpo, no quitaba el echo de que no perdía oportunidad alguna para aprovecharse. A veces, cuando venía de mala leche, me empujaba tan fuerte al suelo que se me cortaba la respiración. Esto pasaba sobre todo al principio, y en sus peores días, a decir verdad. Y quien dice sus primeros días, dice también sus primeras semanas. Los golpes no eran algo que fuera a cesar rápidamente por su parte, y más sabiendo que muchos de los días, las cosas no le salían demasiado bien. Lo que no lograba entender, es como mi cuerpo, a pesar de todo, seguía muchos días en pie.

A pesar que, a medida de los días, su comportamiento parecía que mejoraba, pues me daba comida y tal, lo cierto es que en cuanto nos quedábamos solos, su comportamiento era rudo todavía. Me insultaba a menudo, sobre todo llamándome rata, casi al momento de verme ponía mala cara. No me voy a quejar por ello, yo también ponía mala cara al verle, o le soltaba alguna perlita. Era mi agresor, mi... secuestrador. No podía simplemente llegar y mirarle de manera amable y cariñosa. ¡Me maltrataba! Sería de locos llegar y... no.

Bueno, el caso es que a pesar que parecía que su comportamiento mejoraba, no lo hacía demasiado. Pasaban los días, uno tras otro, mientras que mi cuerpo parecía que en cualquier momento dejaría de sentir. Como si de verdad fuera a convertirme en un muñeco que simplemente sirviera para el mero entretenimiento de este soldado alemán. Sin embargo, al día treinta y siete de estar aquí, Loring empezó a hacer cosas... que no eran normales. Un día venía molesto y, al encogerme para esperar el golpe y al menos no hacerme más daño, le noté cerca de mí, a punto de golpearme, pero separándose de mí a los pocos segundos, dejando el ambiente en una amenaza continua. No es algo que empezara radicalmente, pero ese echo de no pegarme ni aunque fueran sus días malos, fue ganando peso continuamente, poco a poco hasta que dejó de hacerlo por completo. Solo me miraba mal al entrar en la tienda, como si le hubiera puesto hierro candente entre las cejas para hacerle esa permanente arruga que tenía. Siempre con el ceño fruncido, como si estuviera enfadado con el mundo.

Otra de las cosas que cambió, fue el echo de que, mientras que al principio, sus intromisiones a mi cuerpo eran totalmente descontroladas, bruscas y con una clara intención de satisfacerse a si mismo como si de una paja se tratara; a partir de los cuarenta días aproximadamente, su mano comenzaba a pasear por mi pecho cuando me obligaba a estar a cuatro patas para entrar o mientras estaba dentro de mi. Se movia con dureza, apretando donde no debería. Haciéndome daño en lugares que pensé que no tendrían por que hacerme nada, hasta que llegaba a la parte inferior de mi cuerpo, donde, bien recuerdo además, me agarró con tar fuerza que me tuvo que tapar la boca del alarido que solté. Dolía. Y mucho. Pero lo peor había sido cuando su mano comenzaba a moverse. Me agarraba demasiado fuerte que pensé que era una especie de tortura nueva que se le había ocurrido a Loring. Él no hablaba, no decía guarradas como sus compañeros... sino que simplemente actuaba y me hacía daño. Pero no puedo negar, por mucho que quiera mentir, de que parecía querer... cambiar algo. La verdad es que no entiendo demasiado bien su mente aún. Ni sé si quiero entenderla.

Lo malo es que esa vez solo fue la primera, pues más de una vez lo repitió. Al principio era muy doloroso, pero poco a poco el cambiaba la forma de cogere o tocarme.... y.... y para mi mayor temor... era placentero. ¡DEMASIADO! Cuando noté por primera vez ese pequeño placer, sentí mucho miedo. ¿Por qué sentía gusto por que un hombre... por que LORING me tocara? Me doy asco por eso. Me doy MUCHO asco por eso. Pero no puedo cambiar lo que pasó. Yo... gemí ante él. Fue un momento de debilidad en el que no controlaba mi cuerpo. ¿Como coño lo hizo? Ni yo lo se. Las primeras veces dolía que me cogiera de ahí abajo, que agarrara mi miembro y moviera con fiereza la mano. Pero ahora lo hacía de una manera que... empezaba a dar placer y no. Simplemente no. Me niego a que se vuelva a repetir. No quería de nuevo sentir placer por una cosa tan asquerosa como que ese tipo me tocara.... Entrara en mi y encima me tocara. ¿Es que no tiene bastante con simplemente follarme el culo, que encima quiere ridiculizarme con reacciones que no puedo controlar? Si buscaba algo de mi, dificilmente lo iba a encontrar. Y menos después de todo lo que yo había pasado. Puede que se comportara mejor conmigo, pero eso no quitaba el echo de que... era un hombre que se aprovechaba de mi cuerpo por el simple echo de que las putas le quedaban demasiado lejos de la base.

Tragué un poco de saliva y abrí los ojos en cuanto amaneció el día de hoy. Miré a mi alrededor buscando a Loring, pero se había ido de su tienda. Seguramente para desayunar. Suspiré y me levanté un poco, mirando detrás del palo. Cojo un pequeño palo, demasiado fino como para poder clavárselo a alguien, pero lo suficientemente grueso como para pintar en la arena del suelo, y hago una raya que tacha las cuatro anteriores pintadas. Miro con el rostro torcido lo que hay ante mis ojos y dejo el palo para contar, de cinco en cinco, las rayas del suelo. Según mis cálculos diarios... habían pasado sesenta días desde que había llegado. Aproximadamente dos meses. Mi hermana pensaría que estoy muy ocupado con las misiones que me mande el ejercito, o algo de eso, cuando en realidad estoy recluido en una tienda del enemigo, desnudo, sirviendo de juguete sexual. ¿Qué haría si se enterara de esto? No podría soportarlo. Simplemente, no podría. Quería que mi hermana tuviera una buena imagen de mi, que viera que soy un buen hermano mayor y no un mero... escombro.

Suspiré mientras miraba al suelo antes de levantarme un poco y estirar las piernas. Me apoyé en el mástil para no perder el equilibrio y me estiré un poco, notando mi espalda crujir. El suelo estaba demasiado duro, obviamente, y dejaba mi espalda echa un verdadero asco. Miré hacia la puerta levemente, notando el suave movimiento del viento y camino un poco hacia la puerta, notando enseguida el tirón de la cadena, todavía haciéndome quedar demasiado lejos de la entrada. Suspiré y me senté en el suelo. Me eché el pelo hacia atrás mientras miro un poco a mi alrededor. En estos dos meses me había familiarizado bastante con esta tienda. A pesar de lo que puede darnos la imaginación, la tienda de Loring era grande. Era muy grande. Se podía pasear por ella estando de pie. El mástil al que mi tobillo estaba atado era un trozo cilíndrico de madera de casi dos metros de altura. En la punta se veían arrugas que indicaban que por fuera la tela estaba atada en la punta. En cuatro vértices, formando un cuadrado, habían mástiles de quizás veinte centímetros más pequeños que el mástil central, lo que permitía la entrada y salida de la tienda perfectamente andando, sin tener que agacharse. Por otro lado, en una esquina Loring tenía cajas que, seguramente, anteriormente habían tenido armas de todo tipo. Estas eran de madera vieja, amontonadas en una pila que era un poco irregular. A su derecha, había un baúl. Mi curiosidad me decía que tenía que ir a ver que había dentro, pero la cadena no llegaba así que me había quedado con las ganas de saber que era lo que había dentro. Siguiendo el recorrido, seguidamente nos encontramos con su equipo para montar a caballo. A pesar de su ceño fruncido y mala leche continua, parecía que le gustaban bastante los animales. Incluso tenía ahí guardadas algunas manzanas para los caballos. Siguiendo con el recorrido por la tienda, nos daríamos la vuelta y veríamos una cama improvisada con un colchón que parecía bastante usado sobre unos palets, haciendo así una ingeniosa cama que no muchos tendrían en sus tiendas. Al pie de la cama había un pequeño farol y al lado algunas armas. También tenia una especie de cajita que guardaba celosamente sin dejar a nadie que la tocara. Es más, solo de vez en cuando la sacaba, la miraba y la volvía a guardar. En otras palabras. Me conocía, para mi desgracia, esta tienda de memoria. Y quizás me lo sabía de la peor manera posible.

Escuché de pronto, como la tela se movía en la puerta. Giré mis ojos y vi el cuerpo de Loring entrar en el interior de esta y empezar a buscar dentro de una bolsa parte de su ropa habitual de entrenamiento. Para mi ya era normal ver estas cosas, como si de una historia continua se tratase. No me gustaba, ni mucho menos, pero había aprendido a mantener la boca cerrada delante de Loring si no quiero que me rompa la nariz con una de sus rodillas. Cómo siempre, le miro de arriba a abajo, intentando descubrir cual sería su punto débil para poder así derrumbarlo. Pero, también como siempre, el rostro de Loring, al igual que sus movimientos, eran lo suficientemente calculados como para no dejar ni un rastro de sospecha si es que tiene un punto débil.

Fruncí un poco los labios al ver que se sentaba en la cama y se cambiaba de camiseta. Lo hacía como si no importase que le viera. Como si no pasara nada por que yo le estuviera mirando detenidamente, intentando que se sintiera incómodo. Para él yo no era más que un mueble más de la sala. Me giro un poco pues no quiero verle un miro al suelo mientras me cruzo de brazos. Él está tan campante y tan tranquilo mientras que yo, a pesar de llevar dos meses desnudo, prácticamente, ante él, sigo sintiendo vergüenza de estar así. Simplemente, no es justo.

Me arrastré un poco hacia delante, dejando los empeines de los pies rodeando el mástil central y la frente apoyada en esta. Cerré los ojos momentáneamente mientras llevo mis manos hacia delante y escucho pasos detrás de mi. Abro los ojos un poco asustado y noto pasea su mano por mi espalda, lentamente hasta que llega a mi nuca. Deja solo sus dedos apoyados en esta, haciendo que mi espalda se tense y sube de nuevo hasta enredarse con mi cabello, ya enredado de por sí y encima sucio. Deja su mano abierta en mi cabello durante un momento,  agachando mi cabeza en el proceso mientras yo notaba como las palmas de las manos se llenaban de un sudor frío. De pronto, noté como la mano se cerraba y tiraba de mi hacia arriba, obligándome a levantarme mientras mis ojos se cerraban con fuerza y mi boca adquiría una forma de mueca para intentar no gritar. Me obligo a mi mismo a levantarme antes de que la fuerza con la que tira de mi sea mayor y me doy la vuelta cuando me suelta, mirándole. Su rostro esta serio, como siempre, y la arruga que adorna sus cejas, ahí está aún.

—Necesitas un baño —dice de pronto. Oh, gracias capitán obvio, no me había dado cuenta. Como que llevo dos meses durmiendo en el suelo, un suelo de arena, y además dos meses en los que he sudado, me han bañado en semen, y demás cosas asquerosas que no quiero recordar ahora mismo. ¿Y ahora te das cuenta que necesito un baño? Por favor, un aplauso —Esta noche te llevaré, cuando todos duerman —me mira de arriba a abajo casi con cara de asco. Alzo las cejas.

—¿Tan importante es para ti que la persona a la que usas cual consolador, y a la cual usan tus queridos amigos, este reluciente? Claro, seguro que quieres mantener una buena imagen con los demás soldaditos. —se me escapa. Le miro casi desafiante con los brazos cruzados. Sabía que había pasado una linea que no tenía que haber pasado. Sabía el castigo que me merecería por ello: una buena paliza. Pero ni él ni yo nos podíamos haber imaginado lo a gusto que me he quedado después de decir eso.

— Eres un imprudente —dice mientras levanta la mano un poco—mantén a raya tus palabras, rata —y tras eso, forma un puño con su mano que, rápidamente y sin que pueda verlo, vuela hacia mi boca y me golpea en los labios, haciendo que note como estos se abren por dentro, produciendo un gran escozor. Me echo para atrás, tambaleándome un poco y le miro mientras me llevo las manos a la boca, notando la sangre salir de mis labios de manera desorbitada. Me mira fijamente con cara de odio y se va, dejándome solo de nuevo en la tienda. Intento quitarme la sangre de la boca, de las manos, pero lo único que consigo es  restregármela más que antes, haciendo que gran parte de mi rostro quede manchado y pegajoso. Pongo una mueca de asco y, a la par, una de dolor. Mover la boca me dolía mucho. Hacer cualquier movimiento con la cara resultaba doloroso. Loring me había partido los labios de un solo puñetazo. Uno solo. Miro hacia la puerta mientras frunzo el ceño, enfadado, molesto, cabreado. Tenía que aprovechar cualquier situación y quizás esta noche era mi oportunidad para poder escaparme de él.

*

—¡Loring! — escucho al cabo de un par de horas, o al menos creo que eran un par de horas, desde fuera. Me muerdo el labio al escuchar la voz conocida de Cort, el amigo de Loring. Tengo recuerdos francamente horribles de él, sobre todo del primer y el segundo día aquí, pero no solo eso... sino que a lo largo de estos dos meses, me ha obligado a hacer más tipos de guarradas y más asquerosidades de las que uno se podría imaginar. Es la razón más fuerte que tengo ahora mismo para odiar mi cuerpo. Y todo por su culpa. —LORING, JODER —Añade antes de asomarse. Me mira fijamente un momento y me siento un poco intimidado. Loring todavía parecía... más afable a veces, pero este hombre, desde mi punto de vista, era la reencarnación del mal. —¿Pero que tenemos aquí... ? —pregunta en un tono canturrón, sin esperar respuesta alguna—Que coincidencia. De ti quería yo hablar. Aunque claro, contigo no me interesa. Quieras o no vendrás conmigo —sonríe con suficiencia. Parecía que estaba realmente convencido que iría si o si con él. Sobre todo por que siendo él, dudaba que Loring se negara. Trago un poco más de saliva y aprieto los labios formando una fina linea y aparto la mirada. No quería verle tan cerca. No quería sentirle tan cerca, pero él no hacía más que acercarse, y yo no podía pegarme más al mastil. Me noto como la garganta se me va secando lentamente a medida que su aliento choca contra mi cuello. Noto como su nariz se acerca a mi mejilla y huele algo. Su sonrisa se vuelve más notoria al notar el olor a sangre seca de mi mejilla. —No me lo puedo creer.—dice mientras se separa y veo su amplia sonrisa. Sus ojos brillan con lujuria y encogo los hombros. Conozco a este hombre y sé perfectamente que le encanta el sufrimiento del prójimo. Generalmente, el mientras más me haga gritar, más lo disfruta. Lo sé.... lo he vivido. —Sangre..... —dice mientras se pone de pie —¿Qué has echo a Loring como para que te hiciera semejante cosa? Tiene que ser desagradable —añade. Su mano baja hasta mis labios —tienes los labios hinchados... —dice de pronto. —Parecen los de una mujer. Rojos y gruesos —añade.

Miro al suelo intentando evitar su mirada. Sé lo que piensa, sus actos y sus palabras empiezan a entreveer lo que quiere hacer, y yo no quiero mover apenas la boca. Me duele, se me abrirían las heridas y....

… y escucho el sonido de la tela de la tienda moverse. Abro los ojos y veo a Loring. Cort se acerca a él y le saluda dándole la mano con un fuerte choque. Respiro con dificultad y cierro los ojos momentaneamente antes de volver a abrirlos y verlos hablar.

—¿Qué es lo que quieres, Cort? —pregunta Loring, como sabiendo lo que quiere el recién llegado, mientras se sienta en su cama y desata las botas.

—Quiero llevármelo a la tienda. Tengo algo especial para hacer y sé que no te gusta mucho participar en cosas en las que actúan más de dos —añade. Se sienta a su lado y le mira —aunque no sé yo si te resistirías. Hemos conseguido un par de cosas que vienen desde el cuartel general. Algunas armas  y objetos que pueden ayudarnos a jugar un poco mejor con la rata —termina. Echa sus hombros hacia atrás, y apoya las manos en el extremo contrario donde se ha sentado.

—La rata no se mueve de aquí —dice, para sorpresa de Cort y mía, Loring. Su voz suena seria y decidida. Parpadeo un poco todavía sorprendido y miro el rostro de Cort, que está completamente descompuesto. El tenía por seguro que iba a llevarme con él.

—¿Por qué no? —pregunta, de pronto, cabreado, Se le nota en la mirada que está muy cabreado, como si en cualquier momento le fuera a romper la cara a Loring.

—Por que no quiero —contesta Loring, tan campante. ¿Esa era su única razón? ¿Que no quería? ¿Se comportaba como un niño caprichoso? Ah claro, es que él hoy no ha tenido su rato todavía y claro, no quiere que nadie me lleve hasta que él sea el primero.

—¿Cómo que no quieres? —grita, casi, Cort. Parece furioso, como un niño al que le acaban de quitar su juguete nuevo — Esa no es razón para negarte —añade mientras se cruza de brazos.

—No quiero compartirle. La rata es mía y se queda aquí —dice mientras imita su postura de brazos cruzados. —¿Te parece una buena razón ahora? —pregunta con cierto deje de ironía, como burlándose de él.

—.... —mira a Loring todavía como abrumado y frunce el ceño —Ah... claro. Ahora lo entiendo todo. Es que tu no te lo has follado todavía. Y te gusta ser el primero, ¿no? —dice casi divertido—No te preocupes, fóllatele en condiciones. Pero luego déjamele.

—No —Loring vuelve a sonar contundente. Trago saliva.

—¿Cómo que no? —grita de nuevo —Loring, no sabes lo que nos has dado durante estos dos meses. Si no soy yo el que viene, vendrá otro. —añade. Casi se nota desesperación en su voz —No puedes dejarnos en abstinencia después de esto —su mirada se afila y le desafía con esta —si no nos lo dejas, nos lo llevaremos.

—Ese no es mi problema, Cort —dice levantándose de la tienda y empujando levemente a su compañero hacia la salida —follaos los unos a los otros si tan desesperados estáis —añade, empujándole fuera. Puedo ver la mirada de Cort antes de que la cortina se cierre. Miro a Loring y agacho la cabeza. No sé si sentirme cómodo por que Loring me ha salvado, o sentirme asustado por que ahora estoy a solas con él. Noto los pasos de Loring y se para delante de mi, pudiendo ver sus botas. Alzo la mirada y le veo —Tu, rata. Despiértame cuando todos estén dormidos e iremos a las duchas. —y dicho esto, se fue a la cama, a dormir la mona.

*

Era noche cerrada. Noche MUY cerrada, cuando intento acercarme a Loring para despertarle. Pero la cadena me impide llegar muy cerca y solo alcanzo a rozarle un poco el pelo. Frustrado, y con miedo a que se enfadara de nuevo, muevo la cadena con fuerza haciendo mucho ruido hasta que se despierta. Se levanta y me coge del brazo y puedo comprobar al tenerle bien pegado a mi, que me mira con severidad. ¡Como si fuera culpa mía que él durmiera tan lejos! No alcanzaba a tocarle el hombro. Gruño por lo bajo mientras le noto agacharse hasta mi tobillo y con una llave, abre la cadena y deja mi pié libre. Casi no me lo creo cuando dejo de notar el metal alrededor de mi carne. ¡Soy libre! O no. Su mano agarra mi brazo con fuerza, guiándome hasta una esquina. De pronto, alrededor de mi cuello hay una correa de perro. Le miro mal, muy mal, todo lo mal que se puede mirar a una persona así y gruño en bajo. El me mira alzando una ceja, y tira de la correa hacia él para instarme a andar. Ahora eso de huir sería imposible.

Camino despacio y en todo el silencio que puedo mientras sigo con prisa a Loring. Sus piernas son más largas que las mías y me es difícil seguirlo el paso sin tropezarme. Sobre todo después de tanto tiempo en el que solo me dedicaba a dar vueltas alrededor de un palo, sin nada mejor que hacer. Tropiezo en varias ocasiones, pero no llego a caerme. Si me cayera, Loring me mataría en ese mismo instante. Además, caminamos sin luz pues sino estas despertarían a los demás soldados, que se veía perfectamente que estaban durmiendo. Noto un lijero temblor cuando paramos un momento. Yo no veo nada, pero parece que Loring si sabe donde estamos. Mira un momento a su alrededor, y comienza a caminar a un ritmo más lento que antes. Parecía como si se estuviera ubicando en la zona. Se sabría el campamento de memoria, así que no sé por qué narices tiene que pararse para ubicarse. Suspiro y miro a mi alrededor mientras camino, viendo solo manchas negras que son, ni más ni menos que las tiendas de los demás soldados. Tuerzo un poco el gesto cuando veo que efectivamente, todas las tiendas tienen la luz apagada, como si se hubieran puesto todos de acuerdo.

Volvemos a parar y esta vez noto como Loring se gira. Muevo un poco las manos y miro a mi alrededor buscando lo que sea que Loring estuviera buscando, hasta que noto su mano en mi brazo y noto que tira de mi hasta una zona encharcada. Noto los pies muy mojados y como entro, a medida que avanzo, a una zona cuya superficie es realmente lisa.

—Tienes cinco minutos. Ni uno más, ni uno menos. Así que más te vale darte prisa, rata —me insta mientras se queda donde está, sin moverse. Me encojo un poco y busco con la mano la manivela del agua, abriéndola y notando como el agua, fría como el hielo, cae sobre mis hombros. Contengo un grito en mi garganta al notar como cada gota es como un cuchillo clavándose en mi piel y busco la manivela del agua caliente. Pero solo encuentro la que he abierto antes. Mierda, solo hay agua fría. ¿Con esto se bañan todos los alemanes? No me extraña que tengan esas caras de amargados.

Suspiro un poco intentando acostumbrarme y busco a tientas por la pared hasta que doy con un trozo ya casi terminado de pastilla de jabón. Apenas queda para limpiarme las piernas, pero intento que dure todo lo posible, sobre todo para limpiarme algo el pelo. Cuando apenas estoy empezando a limpiarme la cabeza casi gruño al notar como la lámina de jabón, pues de pastilla no tenía ni la intención ya, se desmenuza en mis manos. Dejo lo poco que se ha quedado pegado en mi cabeza y me froto con rapidez el cuerpo entero antes de que me desaparezca el jabón de las manos. Me froto todo el cuerpo y vuelvo bajo el chorro de agua lo justo para limpiarme bien la espalda. Me limpio el pelo rápido mientras noto como la cadena se mueve por la parte de Loring, como si estuviera demasiado impaciente. Me meto bajo el agua, sintiendo mucho frio y cierro el grifo al notar que no tengo ya nada de jabón. Sonrío un poco al sentirme más limpio, como si me hubiera quitado un gran peso de encima... casi era como si nada de lo sucedido aquí hubiera pasado, de no ser por que estaba desnudo, en mitad de la noche con una correa al rededor del cuello y una cadena que termina delante de mi, en la mano de un soldado alemán.

Loring me mira de arriba a abajo y me toca el pelo. Luego, noto un movimiento y veo que esta diciendo que me sacuda el pelo. Más que como sugerencia, como orden. Le obedezco y me sacudo un poco el pelo con las manos antes de caminar tras él con la misma calma con la que hemos venido: ninguna.

Trastabillo en varias ocasiones mientras noto como Loring tira de mi correa hacia él y me lleva casi a rastras, hasta que escuchamos un ruido. Me obliga a pararme y mira a su alrededor. Mi corazón suena demasiado fuerte en el pecho, tanto que me retumba en los oídos. Además, intento contener la respiración, pero mi cuerpo esta tan fatigado que suplica por aire nuevo. Miro a mi alrededor buscando algo, un signo de poder ver lo que Loring había escuchado. De pronto, un ruido frente a nosotros. Loring se tensa y me da la espalda y se enfrenta al ruido. Yo, por mi parte, me escondo un poco detrás de él. Si no me ven y le atacan solo a él, lo mismo puedo escapar.

O no.

Noto alrededor de mi boca una mano que me levanta y de paso me acalla todo lo que quiere y un poco más. Muevo mis manos, molesto, e intento quitármelo de encima moviendo mis manos y mis piernas, pataleando. Le noto apretar más mis labios y se me escapa un gemido de dolor al notar como las heridas amenazan con reabrirse de nuevo. Doy un golpe en el costado a mi agresor y este suelta un gruñido. Loring se da la vuelta y le miro, viendo como alguien sale de detrás de él y le golpea en la nuca, dejandole inconsciente al instante. Trago saliva y noto como la cadena que antes había estado en la mano de Loring, se pegaba a mi piel, balanceándose levemente. El tipo de delante coge mis pies y le doy una patada en la cara intentando soltarme, pero es inútil. Solo consigo ver sus ojos frios y calculadores antes de que mis piernas queden atrapadas debajo de su hombro.

Cort.

*

—Mirad, la ratita. Ahora sí que está asustada —dice una voz mientras suelta una carcajada.

Mis ojos estaban completamente vendados. No veía nada a mi alrededor y mis muñecas estaban atadas a algo que impedía que me moviera. Cort había sido el causante de todo esto. Las amenazas contra Loring iban en serio y él no le creyó. Y ahora... ahora ni si quiera sabía donde estaba yo....

Nada más llegar, se habían limitado a atarme y vendarme los ojos. No pude ver nada de la extraña tienda en la que me encontraba, solo que estaba llena de hombres y todos parecían cortados por el mismo patrón. Tragué saliva en su momento al verlos, y escucharlos ahora caminar, moverse, hablar, hacía que quisiera tragar saliva de nuevo. Era la primera vez que de verdad veía a tantos hombres juntos. Si bien a lo largo de estos dos meses había visto a varios (y los había sentido), era la primera vez que los veía a todos juntos. Contengo el aliento cuando una mano se posa en mi pecho y las risas inundan la tienda.

—Pero por favor, ni que le estuviéramos follando el culo.

—Lo mismo ahora se convierte en una verdadera perra. —se rie Cort mientras baja su mano y me aprieta la entrepierna hasta hacerme daño. Suelto un gemido de dolor cuando lo noto y, casi al instante, me muerdo el labio para contenerlo. Craso error. Las heridas que apenas se habían reabierto, se abrieron de nuevo con mi mordisco. Noté la sangre por mi lengua y como bajaba un poco por mi comisura del labio. Cuando apenas llego al borde de mi mandíbula, alguien pasó algo frio por mi mejilla, bajando hacia la gota de sangre y recogiéndola.

—Decirme, señores. ¿Estais de acuerdo con mi plan? —dice antes de tirar lo que supuestamente tendría en la mano, que suena a metálico al chocar contra el suelo. Hay gente que se rie un poco, otros que asienten con voces graves. Escucho como empiezan a salir de la tienda y empiezan a caminar al rededor de esta. Si antes tenía miedo, de pronto verme solo me daba más miedo. Moví mis manos de arriba a abajo, raspando la cuerda que me rodea las muñecas contra el mástil de madera. Tenía que salir de aquí. Tenía que salir de aquí. Pero mi desesperación era mayor que la cooperación de la madera contra la cuerda. Ya sabía que era algo ilógico para intentar, pero de verdad... de verdad... y juro que de verdad quería salir de aquí.

A mi alrededor las pisadas se alejaban, parecía que iban a por algo, que se preparaban para algo. Mi cuerpo temblaba con violencia, mis hombros se seguían moviendo con desesperación, mi boca estaba seca y mis manos empezaban a entumecerse. Tiro un poco de mi para intentar separarme,, pero sigo estando atascado. La cuerda no cede. No cede. ¡NO CEDE! ¿Por qué no cede? ¿Por que no puedo moverme? Quiero salir, quiero salir, quiero salir. Escucho de pronto un sonido a mi espalda. Muevo mis manos mucho más rápido que antes, intentando en vano escapar. Entonces, un sonido de un roce de una tela suena, y unos pasos lentos pero pesados se acercan a mi. Trago saliva y noto como la venda desaparece de mis ojos y me encuentro con los ojos de Cort. Encojo los hombros mientras él se rie y hace un movimiento con la cabeza, haciendo que los demás entren de nuevo a la tienda. Un olor extraño viene a mi nariz y veo que traen algo, pero no sé el que. Miro la puerta con la vaga esperanza de que aparezca alguien que me pueda salvar, pero no hay modo de que alguien lo hiciera, de todos modos. Hago una mueca cuando me vuelvo a encontrar con los ojos de Cort y este me pasa una mano por la mejilla.

—Disfruta —dice únicamente mientras suelta mis muñecas y coge de la correa que me había puesto Loring para que no escapara de él mientras me daba un baño. Hago fuerza en la dirección contraría para separarme todo lo que puedo de él y tira tan fuerte de la cadena que me tira al suelo. Abro los ojos después del golpe y noto mi nariz caliente. Miro delante y encuentro el contenedor que habían metido dentro de la cabaña. Miro a unos y miro a otros, esperando saber que es lo que van a hacer, y echo mi cuerpo hacia atrás como si de un gato me tratase. No quería estar cerca de eso, me daba muy mal rollo.

—Ay, si esta asustado. Pooobrecito —dice la voz burlona de un hombre que me toma de la barbilla y hace que le mire. En su rostro hay una sonrisa maléfica y sus ojos brillan con demencia. Empiezo a cuestionarme si estoy generalizando demasiado con los alemanes y resulta que me han enviado al batallón más demente de todo el ejercito alemán. Me lamo los labios despacito, sin tentar a mi suerte y les miro son abrir la boca. No quería quedarme sin labios.

—Pues a mi mucha pena no es que me de —añade de pronto Cort, pisándome un pie con su bita. Cierro un ojo y mi boca, sin poder evitarlo, se tuerce en una mueca. Me duele mucho, pero prefiero no mostrarlo. No quiero que me vean ningún punto débil más. —¿Quereis empezar? —pregunta de pronto mientras se agacha a mi lado y me coje de las manos. Intento soltarle y alargo la pierna hasta él, intentando darle una patada, pero me aprieta las muñecas, haciéndome sisear de dolor. Cierro los ojos mientras le levanta de un tirón y me quedo de pie con los brazos en alto, costándome respirar. Al principio aguanto como buenamente puedo, intentando aparentar que esto no me afecta, pero al cabo de un par de segundos, mi cuerpo suplica por que entre más oxígeno en mis pulmones, y abro la boca para respirar un poco más. Cierro los ojos como si por ellos se me escapara el aire y noto que quiero empezar a llorar. Pero aguanto todo lo que puedo, mientras me empiezo a marear.

De pronto, una mano me alza los pies y quedo tumbado. El aire entra con mayor facilidad en mi cuerpo y me siento, durante un momento aliviado. Abro los ojos y miro al hombre que me alzó los pies e intento moverme para soltarme de ambos, pero es completamente inutil. Algunas risas se asoman entre los sonidos de mis respiraciones, procedentes de los soldados. Miro a mi alrededor notando como los ojos me arden y de pronto mi cuerpo empieza a mecerse mientras los que me sujetan avanzan hacia lo que habían traido, sin soltarme.

A medida que nos acercamos, me muevo todavía más que antes, con mayor fuerza para soltarme, pero no consigo nada, solo que me miren con diversion. De pronto, paran de golpe y sopetón, dejando mi cuerpo sobre el recipiente. Miro hacia abajo y veo una especie de líquido negro que brilla con varios colores.

Demasiado denso para ser agua.

Y demasiado líquido para estar frio.

No puede ser.

—Espero que disfrutes de tu baño en aceite hirviendo.

—Seguro que sales con la piel como nueva.

Me zarandeo con mayor fuerza. A pesar de que el recipiente no tenía pintas de que me fuera a hundir más de los tobillos, era aceite hirviendo. Aceite hirviendo.

—Si te preguntas de donde lo hemos sacado, ratita, forma parte de nuestras motos —dice con todo el orgullo del mundo.

Y yo no puedo evitar echarme a llorar. Tengo miedo. No como cuando sabía que me iban a violar, o cuando sabía que me iban a pegar. Tenía mucho miedo. ¿Que clase de gente era esta? ¿Psicópatas escapados de un hospital? ¿Los alemanes utilizaban personas tan sádicas para actuar en esta guerra? Mis lágrimas salen a borbotones al igual que mis sollozos. Les miro suplicantes para que no me hagan eso. Sería capaz de arrodillarme delante de ellos y hacer lo que quisieran pero, aceite hirviendo... ¡Era una locura! Mis manos temblaban al igual que mis sollozos. Cierro los ojos al ver como las mirada que recibo son, generalmente, de diversión, olvidándose de lo que están a punto de hacerme. Noto como el temblor de mis manos pasa a mis brazos y de mis brazos a mi espalda hasta terminar temblando entero. El calor del aceite daba contra la parte baja de mi espalda y culo, sin mejorar mucho mi estado de nerviosismo. Noto las manos que sujetan mis pies, más flojas que antes, como a punto de soltarme, y esto hacen. Quedo colgando de las manos de Cort, por mis muñecas. Mis pies rozan el aceite y lagrimeo al notar como una punzada de dolor me atraviesa desde el dedo gordo del pie hasta la nuca. Encojo mis piernas tanto como me es posible e intento hacerme una bola. Cort, furioso, se agacha un poco, pero por primera vez me alegro de ser tan bajito, pues así puedo encogerme todavía más. Pero la paciencia de Cort parecía muy limitada.

—Suéltalo.— escucho de pronto. Giro mi rostro y veo a Loring. Mis ojos se abren con sorpresa. ¿De verdad? ¿El era el que me iba a salvar? Eso significaba que estaba perdido... o que si me sacaba de aquí mi destino sería peor que quedándome aquí.

—¿Por qué debería?—pregunta Cort con malicia. Niego con la cabeza para que no le diga que me suerte. El no sabe sobre qué estoy. Se le ve mareado como si se acabara de despertar del golpe que le han dado.

—Porque me sale de la polla, cabrón. Te dije antes que no os iba a dejar que os lo llevarais, y aún así, os lo habéis llevado. Devuélveme a mi puta.

—Creo que no sabes a lo que te estas enfrentando —dice sonriendo. Se irgue de nuevo y me mira echo bola aún—¿de verdad quieres que lo suelte?

—Si —contesta con simplicidad. Mis lágrimas corren por mis mejillas.

—Tú lo has querido —y de pronto mis manos ya no estaban sujetas.

Y mis pies entraron en el liquido negro.

Caí de lado.

Y grité.

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-Lista para morir, se pone en pie (?)- Aquí el nuevo capi xD Esta vez no tardé tanto e3e... pero ha sido complicado. Creo que necesito una limpieza de mi karma. -huye- espero que os gustara~

-->Capítulo 4<--

3 comentarios:

  1. Resumen de mi mente tras leer el capítulo: JODER

    Felicidades, lo has logrado: Cort me cae mucho peor que Loring. Muchísimo peor. Está alcanzando unos niveles de odio casi inimaginables por la mente humana.

    Pobre Miette... ¿Qué te ha hecho para que le trates tan mal? (Por cierto, me acabo de dar cuenta que Miette y Loring comparten las mismas iniciales que Matt y Lorcan. ¿Casualidad? ¿O algo más que una coincidencia?)

    Necesito el siguiente. Y lo necesito ya. >A<

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    1. Yey! Conseguí lo que esperaba. >w< -se frota las manos- Pues Cort va a ser insufrible. Vas a odiarle hasta niveles inimaginables en el universo.

      Y no me hizo nada >A< es que me gusta hacer sufrir a mis niños.... uxu.... -pica dedos- cuanto más sufren más monos son. Jus jus jus, quien sabe xD

      Pues el siguiente aún está en camino >^<Uu... así que ruego paciencia

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  2. Aceite hirviendo ¡ACEITE HIRVIENDO! Y justo hoy he comido rebozado. Creo que me ha sentado mal... Miette, quiero que sepas que los fritos son ricos, así que cuando salgas de allí estarás delicioso Q.Q (intentado tomarme la situación con humor sin éxito).
    Bueno bueno, parece que Cort y yo tenemos que hablar x_x (y Loring también, el hecho de que Cort sea mucho más cabrito no implica que Loring no sea un degenerado).

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