19 abr. 2015

Deux côtes opposúx [Parte 7]

Contenido +18 ChicoxChico.
Protagonista: Matthew Daniels (Oc) Con el nombre de Miette.
Esto es un relato de varios capítulos de ficción basado en una guerra, en un universo totalmente inventado. Los personajes y lo que sale en este relato es todo ficticio cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. De igual modo, el contenido de este relato puede resultar sensible por su contenido ideológico. Si no te gusta el género chicoxchico, o el echo de que esté ambientado en una guerra, así como posibles escenas pornográficas y/o grotescaste invito a no leer esto. Gracias por la atención.

Puse el descargo de responsabilidades por si acaso. No vaya a ser....

-->Índice<--||-->Capítulo 6<--

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7


Las navidades habían pasado como cualquier otras. Después de ese día de juego y... de esa ducha cuyos detalles no quiero recordar, había llegado el año nuevo y Robert y yo lo habíamos celebrado de la misma forma que habíamos celebrado la navidad: jugando a las cartas. Después de la simbólica fecha del año nuevo, Loring no tardó mucho en llegar de nuevo a la base, donde yo ya me había echo a la idea de dormir de nuevo en el incómodo baúl. Le había dejado la cama impecable y sin arrugas para que mi presencia en la cama no fuera imaginable de ningún modo.

He de decir que el mero echo de que me ignorara nada más entrar y que simplemente hiciera como que no estaba ahí, me molestó un poco. No sé por qué, pero me molestó. No quería que esa mierda me molestara. Por favor, estoy secuestrado por él, no deberían afectarme estas cosas. Pero... había algo que hacía que me molestase, igual que había algo que hacía que pensara en él. Era estúpido, parecía como si el echo de estar en este lugar me estuviera matando poco a poco y, a la vez, me estuviera volviendo loco de alguna manera. Pero me negaba a decir nada al respecto, me negaba a que Loring se enterara de los entresijos de mi mente. Ya había acertado, para mi jodida mala suerte, una vez y eso, más adelante, me había costado una cena. No quería que acertara de nuevo. No era justo que el supiera mejor que yo como me siento o si algo me gusta o no.


Hacia la altura del mes de febrero, Loring terminó ganando esa apuesta que habíamos echo cuando sin querer, gemí un poco. Recuerdo que en el momento en el que entró en mi intenté morder la almohada o algo para que no se me escuchara, pero el fue más rápido y me agarró de la barbilla tirando de mi hacia atrás, haciendo que se escuchara el gemido aunque intentara ocultarlo en la tela de la cama anteriormente. Esa noche me quedé sin cena, sin la única comida que tenía a lo largo de todo el día. Incluso cuando Robert me ofreció un mendrugo de pan, cuando me ofreció comer, tuve que tragarme mi orgullo y decir que no. Sabía cuando había perdido y cuando no. No iba a dejar que Loring se burlara de mi de nuevo. Aunque esa noche, mientras estaba acurrucado en el baúl, mis tripas comenzaron a sonar de mala manera. Aguanté todo lo que pude hasta que al día siguiente Robert decidió darme una pequeña parte de su desayuno. La verdad es que me sentí tan agradecido que no supe que hacer y simplemente comí despacio, pegado al baúl. A Loring no pareció hacerle mucha gracia y le miró de mala manera cuando me dio de comer, pero no dijo nada. Simplemente se dedicó a mirarle mal durante todo el desayuno. Si le dijo alguna cosa sobre el tema, no fue delante de mi. Lo único que se es que Robert siguió dándome parte del desayuno en algunas ocasiones... o al menos siempre que Loring me dejaba sin cenar el día anterior.

Las relaciones carnales con Loring continuaron durante estos meses que habían pasado: desde Enero hasta hoy. Diría que han pasado desde entonces unos tres meses, o quizás cuatro. Había perdido la noción del tiempo desde hacía tiempo, no sabía que día era. Solo sabía que era primavera y aún estaba amaneciendo.

Me desperté mientras me estiraba un poco y salí del abul para desperezarme en condiciones. Loring seguía dormido, pero Robert, como siempre, ya estaba despertandose. Él solía tener muchos menos problemas para despertarse que el rubio y solía ser el primero y el que antes iba a por el desayuno. Eso tenía sus ventajas pues solía darme algo de desayunar sin que Loring lo supiera. Aunque a veces, cuando Robert volvía de la cafetería con el desayuno, Loring se despertaba ya fuera por el olor del café o por lo que fuera. Y hoy iba a ser uno de esos días.

Mientras tomaba una tostada caliente entre mis manos y me sentaba al lado del baul, escuché un quejido desde la cama de Loring. Al principio no quise mirar e intenté morder la tostada para que no se me quedara fría. Pero claro, como siempre, intentar comérmela demasiado rápido para que Loring no se diera cuenta de que tenía algo de comida, había provocado que me entrara hipo y tuve que parar mientras me llevaba una mano a la boca para que no se me escuchara. Miré hacia Loring el cual me miraba como si fuera estúpido por taparme la boca por culpa del hipo y luego miró directamente a Robert, reprochándole con la mirada que me encontrara comiendo.

—¿Qué te he dicho de alimentarle, Robert?— preguntó mientras se sentaba en la cama y asomaba los pies al borde, dejándolos apoyados en el suelo mientras se rascaba la mejilla. Me mordí un poco el interior de la mejilla mientras esperaba a que el trozo de pan que había ingerido terminara de pasar por mi garganta y miré a Robert antes de que Loring volviera a hablar —Le estas mimando demasiado. Es una puta, no debería estar alimentándose ahora mismo. —añadió antes de levantarse y buscar unos pantalones. Hace poco que la temperatura era agradable y Loring había decidido prescindir de dormir con cualquier tipo de prenda que no fuera su ropa interior, lo que hacía que mis ojos bajaran... sin que yo lo quisiera, que conste. No me gusta mirarle el paquete a Loring ni a ningún tío.

—Necesita comer. Con un triste trozo de pan por la noche vas a hacer que se te muera de hambre un día de estos. Ya que tienes una mascota, cuidarle—dijo Robert antes de reírse un poco y sonreírme. —Y como no le cuidas, pues te le cuido yo por ti. Deberías darme las gracias, te estoy quitando mucho trabajo.

—Como si darle un trozo de pan en el desayuno fuera la gran comida —Contestó Loring mientras rodaba el ojo que quedaba fuera del parche y luego lo clavaba en mi. Tragué saliva y agaché la mirada antes de dar un pequeño mordisco a la tostada. Mirar a Loring directamente era como querer que se enfadara... o eso es lo que me parecía a mi. No quería que mi mirada fuera parecida a una mirada de desafío.

—Ya es algo. ¿Quieres tu algo? Deberías levantarte antes, que sino luego te extraña que no haya mucha cosa cuando vas a desayunar.

—Ni que me levantara a las diez de la mañana- Son las seis y media, Robert. Solo tardo media hora más que tu en despertarme.

Miré alternativamente a los dos mientras hablaban a la par que comía un poco más de la tostada hasta terminármela. Me abracé las piernas y apoyé mi barbilla en las rodillas mi entras me quedaba mirando un punto fijo en la habitación. Esta situación ya no era rara para mi. Me resultaba hasta cómodo, para ser sinceros. Me había acostumbrado a escucharles hablar por la mañana... aunque había una cosa a la que no me acostumbraba mucho...

—Bueno Robert. Ahora a la que desayune, te vas de la cabaña. Aprovecha que te has levantado antes —dijo Loring antes de marcharse. Sentí como se me torcía el gesto. Y es que era a eso a lo que no me acostumbraba. A que de pronto Loring pidiera sexo así por que si. La verdad es que estaba contento los días en los que Loring volvía lo suficientemente agotado como para que no tuviéramos sexo (por que a mi el sexo con un hombre no me gusta) pero había veces que se levantaba contento... o bien sabía que el entrenamiento de ese día era lo suficientemente duro como para caer en la cama y quedarse dormido de inmediato.

Suspiré mientras me llevaba las manos a la frente y frotaba mis sienes. Tenía que mentalizarme de lo que pasaría. Cuando Loring viniera, desayunaría tranquilamente, luego apartaría la bandeja y me diría que me acercara a cuatro patas y me diría que «tengo que terminar de desayunar» o algo del estilo y....

Un momento. ¿Que hago pensando algo así? Desde hace unos meses... bueno... desde el incidente de la ducha... mi mente ha fantaseado con eso en más de una ocasión. Mi cuerpo se calienta y... bueno... termino excitándome pensando en eso sin terminar de entender por qué. No tiene nada de especial... o... bueno... más bien, no debería tenerlo. No debería de gustarme pensar o imaginar ese tipo de cosas o pensar que las voy a hacer con Loring. Soy un hombre y él también. Y a pesar de que no paro de repetirme estas cosas una y otra y otra vez, siempre termino cayendo de una manera u otra. Termino en sus manos y dejando que él haga lo que quiera conmigo, que el deseo inunde mi mente y deje de pensar como una persona para ser el animal en celo que quiere que sea. Sin darme cuenta había sucumbido a Loring, me estaba perdiendo a mi mismo. Miette estaba desapareciendo poco a poco para solo ser la «rata francesa» o la puta de Loring.

Deje que mi frente apoyara en mis rodillas y volví a abrazarme las piernas intentando quitarme las ideas de la cabeza. Necesitaba relajarme y olvidarme de lo que acababa de pensar. Necesitaba volver a ser Miette y olvidarme de que soy la «perra» de Loring. Alcé un momento la mirada y pude ver como Robert me miraba de vuelta, durante un par de segundos. Torcí el gesto y miré hacia otro lado. No quería ver ningún tipo de compasión en su mirada. Solo quería que el momento llegara cuanto antes y olvidarme de todo, que pasara y meterme en mi rincón, donde el mundo exterior no existe y puedo fingir que todo es una pesadilla. Parecía mentira que ese rincón, ese baúl, que tanto me horrorizaba los primeros días ahora fuera el lugar que utilizaba de refugio, donde me sentía a gusto para pensar, para mirar al cielo, para estar mucho más tranquilo... que se hubiera vuelto mi pequeño hogar dentro de mi mazmorra.

Loring no tardó mucho en llegar de nuevo a la habitación. Trajo con él una bandeja con una taza de café y algo de comer. No llegué a ver bien que era, simplemente supe que olía bien, y que era el olor a café lo que predominaba en la habitación cuando el cerró la puerta tras de si. Robert no se había movido de su sitio en ningún momento, aunque había notado su mirada en mi. Cuando Loring se sentó en su cama, carraspeó un momento y alcé la mirada para verle. Loring me miró de reojo cuando notó el movimiento de mi cabeza y alzó una ceja antes de empezar a desayunar a la par que hablaba de temas tácticos con Robert. A pesar de que a veces hablaban en alemán, a veces lograba entender algunas palabras. Después de meses conviviendo con ellos, poco a poco me iba haciendo con el idioma y, aunque todavía no sabía hablarlo, a veces sabía de que hablaban cuando estaban charlando entre ellos. Al fin y al cabo, vivir en un lugar de lengua desconocida, me iba a hacer que aprendiera esa lengua, si o si.

Me mordí el labio cuando vi como Loring se relamía una gota de café que había quedado en el labio superior, antes de morder un poco la tostada que se había llevado y algo más del desayuno que no me dediqué a mirar. Era extraño como la boca de Loring me hipnotizaba de un momento a otro. Si bien sabía que no debía mirarle, que era lo último que tenía que hacer, que era lo más horrible que podría hacer y que caería de nuevo en sus redes, mis labios viajaban de nuevo hacia su rostro, buscando esos movimientos hipnotizantes que me hacían perder la razón.

Suspiré mientras me mordía un poco el labio inferior antes de volver a apoyarme un poco en mi mismo y seguir mirándole, hasta que noté como giraba el rostro. Agaché inmediatamente la mirada antes de ser regañado. No quería que Loring se enfadara por estar mirándole, aunque no sabía que tenía de malo... y prefería no saberlo, la verdad. Alcé de nuevo la mirada para encontrarme a Loring con una ceja alzada y el ultimo bocado de su tostada entre sus manos. Juraría que le noté sonreír de medio lado antes de terminase el desayuno que le quedaba y miró a Robert. Movió las manos como diciéndole que se largara de allí y Robert, rodando los ojos en blanco y advirtiéndole que no tardara demasiado, salió de la habitación y cerró la puerta tras él.

El momento había llegado.

Loring dejó a un lado la bandeja del desayuno y se acomodó sentado en la cama, abriendo sus piernas antes de dirigirme la palabra. Se llevó una mano al paquete y lo masajeó un poco antes de mirarme y dejar ambas manos a ambos lados de su cadera:

—Ven —dijo con simplicidad. No era lo que yo me había imaginado, no era esa orden de sexo que pensaba que sería. Era un simple «ven» que y decía todo lo que tenía que decir, que dejaba sobreentendido todo lo que tenía que hacer.

Me acerqué a el a gatas hasta el y me posicione delante de sus piernas. El sonrió de medio lado y clavó su iris azul en mi mientras me abría paso hasta acercarme hasta el borde de la cama. Acercó un poco la cadera al límite del colchón y me acarició la cabeza como... quizás, recompensa por haber echo bien lo que me mandó. A veces, cuando me portaba como una buena «mascota» me recompensaba como tal: acariciándome la cabeza, dándome algo de comer, o algo de ese estilo. En este caso, cayó el mimo. Cerré los ojos notando como me revolvía levemente el pelo. Miré hacia otro lado un momento antes de notar como los dedos de Loring se cerraban en mi pelo y me hacía mirar al frente. Ya era una costumbre el que Loring me obligara a hacer este tipo de cosas. Que yo no me dejara hacer este tipo de cosas. Aunque, tengo que admitir que cada vez le costaba menos conseguir que me dejara doblegar. Me mordí el interior de la mejilla e intenté lanzarle a Loring una mirada de desafío, la cual no duró mucho bajo la gélida mirada de Loring, la cual heló mi sangre en apenas un par de segundos. Primera regla para ser la mascota de Loring: jamás mirarle directamente a los ojos.. bueno... al ojo.

Miré un momento hacia su entrepierna sin saber muy bien que hacer y terminé acercando mi boca y mordí justo donde se encontraba su miembro. No fue con fuerza, solo apreté un poco con los dientes. Noté como su mano se tensaba en mi cabeza, como apretaba un poco más mi cabello sin querer, mientras yo me separaba un poco de él. Lo repetí de nuevo para escuchar como suspiraba y le empecé a desabrochar el pantalón. Segunda regla para ser la mascota de Loring: no replicar. Ya que tenía que hacerlo, que pareciera que me gustaba. Por que a mi esto no me gustaba para nada.

Levanté mis manos y desabroché su pantalón, dejando que el bulto de su entrepierna asomara un poco tenso, todavía no del todo, por la ropa interior. Bajé un poco sus pantalones, hacia la altura de las rodillas y me acerqué de nuevo a su entrepierna y la lamí aun con la ropa interior de Loring de por medio. Le noté estremecerse un poco y como su mirada se clavaba sobre mi mientras le daba un ligero mordisco de nuevo. Me separé y miré un momento en su dirección, encontrándome con una lasciva expresión en su rostro. Si esto le gustaba... si esto le hacía feliz... lo mismo a mi me dejaba tranquilo...

Suspiré un poco mientras el se separaba un momento de mi y se bajaba los calzoncillos y se subía los pantalones hasta dejarlos más o menos a la misma altura, por encima de la mitad de las piernas. Su miembro, potente y duro, quedaba apoyado en su abdomen. Tragué algo de saliva, de nuevo abrumado por la fuerza que parecía poseer esa parte de su cuerpo y le noté como apoyaba una mano en mi nuca para acercarme a él. No quería. De verdad, mi mente tenía puesta la alarma de que eso no era lo que tenía que hacer pero... pero.. mi boca salivaba ya con solo pensar que lo iba a tener en mi boca. Sentía que mi cuerpo se tensaba, que se calentaba, con solo imaginar lo que pasaría después de que el sintiera que le daba el placer que tanto ansiaba. Mi cuerpo sentía el ansia de que entrara en mi interior y me rompiera como otras veces había echo. ¿Por qué deseaba tanto tener sexo con un hombre? ¿Por qué tenía tantas ganas de tener sexo, especialmente, con él? Mi mente no quería, pero mi cuerpo si. Se habían descoordinado lo suficiente como para llevarme a una contradicción perpetua.

Acerqué mis labios lo suficiente para rozarle la cabeza de su falo, como si lo besara, pero sin llegar a eso, solo un simple roce. Suspiré sobre su miembro y saqué la lengua lamiéndolo de abajo a arriba. Desde la base hasta la punta, cerca de un par de veces. Estos meses habían servido para, muy a mi pesar, aprender y experimentar para conseguir nuevas reacciones en Loring, y había encontrado la manera de hacerle que se estremeciera mientras tocaba, besaba, lamía o mordía esa parte tan sensible de él, tal y como hacía ahora.

Alcé un poco mis rodillas lo suficiente como para ponerme sobre la punta de su miembro para comenzar a meterlo en mi boca lentamente. Noté como su cuerpo se tensaba un poco a medida que su miembro entraba en mis labios hasta el límite que podía aguantar y comencé a moverme de arriba a abajo, moviendo mi mano en contra de mi cabeza, arrancando a Loring suspiros que meses atrás me eran imposibles de imaginar. Su mano se enredó en mi pelo mientras tiraba un poco de mi para que bajara más de lo que podía, intentando que su sensación de placer fuera mayor. Yo, por otro lado, estaba frustrado al notar como mi cuerpo se había excitado con solo pensar en lo que estaba pasando, en lo que estaba haciendo, en lo que Loring iba a llevar a hacer en menos tiempo del que pensaba.
Noté los dedos de Loring deshacerse del nudo formado en mi pelo y tiró de mi hacia arriba, obligándome a ponerme de pie. Yo no quería levantarme en ese momento, no para que viera la evidencia de que mi cuerpo se portaba extraño, que estaba en contra de mi. No para que viera como mi miembro alzaba la tela de lo que estaba utilizando como pantalones, sin ninguna pizca de compasión hacia mi persona. Sentí como poco a poco me enrojecía a medida que su mirada bajaba y se clavaba ahí, justo en mi entrepierna. Luego volvió a mirar hacia arriba y alzó una ceja, como quitándole importancia al asunto.

—Quítate los pantalones —ordenó mientras se quitaba la camiseta que hacía apenas unos minutos se había puesto, Le hice caso y me bajé los «pantalones», como él los había llamado, y me quedé de pie, avergonzado, delante de él. Tiró de mi, tumbándome en la cama y quedándose sobre mi. Le miré sorprendido pues no solía tumbarse encima de esta manera, sino que siempre me obligaba a darle la espalda. No nos mirábamos. Tragué saliva nervioso, como si nunca hubiera pasado lo que fuera a suceder, y sentí como se colocaba entre mis piernas. Me mordí el labio mientras tragaba algo de saliva, intentando que pareciera que solo estaba nervioso y que no quería que Loring entrase en mi, cuando en realidad, de pronto, lo estaba deseando.

Cerré los ojos, como solía hacer siempre y apreté los labios con fuerza antes de notar como Loring entraba de golpe en mi interior y me llenaba. Sentí que quería gemir, pero aguanté las ganas mientras echaba mi cabeza hacia atrás. Abrí la boca y exhalé despacio para evitar hacer ruidos y me mordí el labio con fuerza. Abrí un poco los ojos, viendo a mi alrededor todo borroso y bajé levemente la mirada hasta encontrarme con el cuerpo de Loring. Este sonrió de medio lado antes de dejar que un suspiro mezclado con un jadeo saliera de su garganta y chocara contra la piel de mi cuello, donde se dedicó a morder en varias ocasiones. Apreté las manos, cerrando el puño en la sábana. Respiré hondo mientras él se mantenía dentro antes de comenzar a moverse, primero despacio y luego con fuerza, rápido, volviéndome loco. Eché mi cabeza hacia un lado mientras sentía que se me escapaban los gemidos y escuché a Loring decir algo de que era débil al fin y al cabo. No le hice mucho caso la verdad.

Pero he de admitir que hubo algo que no me esperaba.

Que no me esperaba para nada.

Sentí las manos de Loring rodearme las muñecas y tiró mientras giraba sin despegarse de mi. Contuve el aliento al notarme sobre el cuerpo de Loring y, cuando este soltó mis muñecas, apoyé las manos en su pecho y le miré sorprendido. Estaba sentado sobre su cadera, él seguía dentro y me miraba fijamente. Una de sus manos agarró mi miembro y comenzó a moverla. La otra se agarró a mi cadera y comencé a entender que era lo que quería. No era una petición. Conociendo a Loring, esto era una orden.

Y yo era la mascota de Loring.

No pensaba con claridad.

Solo obedecía.

Comencé a mover mis caderas de arriba a abajo, de delante hacia atrás, sintiendo el movimiento semicircular en cada penetración que yo mismo estaba provocando. Eché mi cabeza hacia atrás mientras cerraba los ojos con fuerza y trate de simplemente jadear, evitando soltar ningún gemido, ningún ruido, todo en silencio, como hacía Loring. Tragué saliva cuando noté que el no estaba cómodo con ese ritmo y comenzaba a mover las caderas el doble de rápido que las movía yo. Cerré mis puños y sin querer arañé un poco el pecho de Loring, sin terminar de clavarle las uñas en el pecho. Le miré directamente a los ojos, sentía que estaba a punto de aparecer el éxtasis, el orgasmo. Tanto en él como yo. Sus caderas aceleraron, su miembro palpitaba. Loring...

—¡Loring coño! No me seas cabrón y ábreme la puerta —escuchamos de pronto en la puerta mientras tocaban con fuerza. Me tensé de golpe y me quedé quieto. Empecé a ser más consciente de lo que estaba haciendo y miré a Loring con temor. Casi vi como se le hinchaba al rubio una vena en el cuello.

—¿Qué coño te pasa? —preguntó cabreado, sentándose y agarrándome de la cadera, como prohibiéndome moverme.

—A mi nada, pero el general quiere hablar contigo, y tienes apenas dos minutos para que venga. —dijo, esta vez más bajo y con más cautela. Jadeé un poco antes de notar como el cuerpo de Loring se tensaba.

—Joder —musitó mientras mientras me miraba y me agarraba la cadera y salía de mi. Se puso de pie rápidamente y tiró de mi brazo hasta el baúl —pase lo que pase, no salgas, no mires, no respires. No muevas ni un solo pelo.

Asentí asustado. De pronto, todo lo que segundos antes me había excitado había desaparecido, devolviendome de una cruel manera a la realidad. ¿En que me estaba convirtiendo? ¿Qué me estaba pasando? Me sentía enfermo, estúpido, un gilipollas integral. Sentía que todo por lo que había luchado no valía la pena. De pronto, solo por sentirme bien, me había rendido al placer y al sexo.

Noté como, una vez dentro del baúl, Loring me cubría con una sábana. Me encogí todo lo que pude para que no se notara mi cuerpo e intenté calmar mi respiración, Noté, a su vez, como algo de peso, posiblemente ropa, caía sobre mi cuerpo desnudo, poco a poco hasta que finalmente noté como se cerraba el baúl. Escuché los pasos de Loring alejarse, como su cinturón tintineaba mientras caminaba, como se quedaba quieto, Pude imaginar que se estaba terminando de vestir para recibir al general. Tragué saliva y cerré los ojos con fuerza. Escuché un ruido sobre el baúl, como que dejaban algo e imaginé que sería la bandeja del desayuno o algo del estilo. Respiré hondo por ultima vez antes de escuchar la puerta de la habitación abrirse y como el sonido de las botas de Loring chocar. Tragué saliva mientras escuchaba los pasos de varias personas rondar por la habitación. Me mordí un poco la mejilla interior y dejé los ojos muy abiertos a pesar de estar rodeado de oscuridad.

—Me sorprende tu desorden Loring —dijo una voz áspera en Alemán. Me sorprendí un poco al poder medio entenderlo. Ojalá hubiera un agujero en el baúl para poder ver que estaba pasando—Al ser un soldado tan bueno como eres, no me esperaba que fueras tan desordenado —me mordí el labio. Seguramente Loring no había tenido tiempo para recoger la habitación.—¿Es que escondes algo aquí que tanto lo miras? —preguntó mientras escuchaba y notaba como el baúl se abría.

Contuve la respiración durante un par de segundos de puro terror. ¿Qué pasaría si me pillara? ¿Que me pasaría a mi y que le pasaría a Loring? No podía moverme mientras el baúl estuviera abierto. Cerré los ojos como si eso me escondiera. Apenas podía notar ya el peso de las sábanas cuando escuché de pronto una voz.

—Como puede ver, solo meto ahí la ropa sucia —respondió Loring con voz relajada. Me impresionaba que pudiera hablar tan tranquilamente mientras yo estaba muerto de miedo. Mientras yo estaba temiendo de que el corazón se me saliera por la boca en cualquier momento.

—Ya lo veo —contestó a su vez el general antes de soltar la tapa y dejarla caer. Di un pequeño bote al notar el ruido fuerte de la madera chocar contra el metal de la tapa y apreté un poco mis manos. Parpadeé un poco sorprendido y suspiré en silencio, intentando relajarme. —Tras esta pequeña revisión —comenzó de nuevo el general— a pesar de que las normas lo prohíben, el echo es que tu prometida ha aparecido aquí para verte —dijo. ¿Su prometida?

—¿Julie?—escuché la voz de Robert. ¿Estaba en la habitación? Pero lo más importante. ¿De quien hablaba?¿Era la prometida de Robert?

—¿Qué hace aquí Julie? —preguntó Loring un tanto molesto. ¿Por que estaba molesto? O mejor dicho, ¿por que me estaba empezando a emparanoiar con este tema?

—Dice que ha venido a verte —contestó el general antes de moverse, por lo que pude escuchar. Noté como unos pasos más gráciles y con tacones, se acercaba un poco al baúl y lo pasaba de largo para pararse de pronto. Escuché un silencio antes de una pequeña risa.

—Hola cariño —escuché la voz de una mujer. Parpadeé un me moví lentamente y en silencio, quitándome de encima toda la ropa de Loring encima. Me paré antes de subir la tapa del baúl. ¿Seguiría el general dentro? No podía arriesgarme.

—Hola Julie —creo que empalidecí y no sé por que. Esa era la voz de Loring. —¿Qué haces aquí? —preguntó con sequedad.
— Quería ver a mi prometido, bobo. ¿Tengo que tener una excusa para verte acaso? —preguntó la mujer con un tono cariñoso. Aunque juraría que era un poco forzoso.
Pegué mi oreja a la madera del baúl al notar un silencio inundar la sala. Me mordí los labios antes de escuchar como alguien carraspeaba.

— Creo que os dejamos a solas, pareja —escuché que decía Robert antes de que pudiera escuchar como dos personas se iban de la habitación y cerraban la puerta. Me quedé sin saber muy bien que pensar. La situación parecía forzada, como si en realidad no debiera ser así. Robert se escuchaba tenso, demasiado tenso a decir verdad. El general no había dicho nada desde que Julie había entrado. ¿Por qué?

Esperé un poco hasta que finalmente, mi curiosidad fue mayor que el echo de prevenir que pudiera pasarme. Levanté un poco la tapa, quizás un milímetro, pero lo suficiente como para que mis ojos se asomaran un poco y poder ver como una tela de tono plateado tapaba parte de mi visión. Entrecerré un poco los ojos antes de mirar un poco más allá y encontrar el cuerpo de Loring... o su cadera, para ser más exactos. Parpadeé un poco antes de bajar un poco mi cabeza y buscar su rostro o algo que no me hiciera ver que le estaba mirando el paquete que, por cierto, todavía seguía un poco abultado. ¿Pero por qué me fijo en esas cosas?

Parpadeé un poco antes de encontrarme con el rostro de Loring. No parecía muy contento pero, como siempre, su rostro tampoco decía más cosas de las que él quería contar. Sus fríos ojos azules estaban fijos en la figura que tenía delante. No había sonidos, no había palabras, solo una respiración tensa en el ambiente. Me mordí el labio un poco y miré a mi alrededor hasta encontrar una sábana. Bajé en silencio la tapa sin hacer ni un solo ruido y me envolví en esta antes de asomarme de nuevo aventurándome a abrir un poco más la tapa. Para mi suerte o por casualidades de la vida, la mujer estaba de espaldas a mi, aún. Colé parte de la sábana entre la madera de la tapa del baúl y el propio cuerpo de este para que sirviera de apoyo y así no estar todo el rato con la mano hasta que me cansara. No es que quisiera espiar... es que necesitaba aire. Si, eso. Aire.

Asomé mi mirada hasta encontrar de nuevo el rostro de Loring y esta vez su mirada y la mía se cruzaron. Sentí como un escalofrío me recorría el cuerpo creando una sensación parecida a la excitación. Su mirada no era fria, solo intensa y quizás un poco burlesca. Luego, sonrió a la chica la cual había comenzado a hablar.

— Tenemos un tema pendiente, Loring —dijo la muchacha mientras caminaba un poco. —Necesitamos a clarar todos los asuntos de nuestra boda enseguida. No quiero perder más tiempo. Además, es necesario que nos casemos antes de que entres en el campo de batalla —añadió Julie mientras se alejaba del baúl y podía verla un poco mejor. Su cabello era largo y castaño, quizás un poco ondulado pero apenas se apreciaba. Media melena estaba recogida en una especie de coleta con un lazo para darle un aire más juvenil. Su cuerpo estaba cubierto con un hermoso vestido de tela plateada totalmente liso y sin volantes. Parecía querer llevar un estilo un poco basado en Inglaterra pues era un estilo muy sencillo y sin demasiadas extravagancias. Pero no era un estilo, tampoco, lo suficientemente duro como para considerarse alemán. De rostro, la mujer era joven y podría decirse que hermosa. Sus labios estaban pintados de un rojo carmín que hacía que lucieran carnosos y sus ojos lucían un sencillo maquillaje, lo suficientemente vistoso para que sus ojos casi blancos llamaran la atención. Tragué saliva mientras me sentía un poco entristecido. No entendía por qué pero era así. En mi pecho se instauró una sensación extraña, incómoda quizás, que no quería desaparecer y que aumentaba mientras miraba más a Julie, a esa hermosa mujer. A la prometida de Loring.

Si ya pensaba que estaba loco, esto debe de ser peor.

—Ese tema puede esperar —escuché a Loring antes de verle moverse y sonreír a Julie, tomándola del rostro e impidiendo que esta mirase en mi dirección —ahora que estamos a solas, podríamos hacer otra cosa —lo oí malamente pues estaba empezando a susurrar. Julie alzó una ceja antes de pegar un pequeño gritito al notar la mano de Loring en su cadera para pegarla a su cuerpo. Se inclinó un poco para tomar sus labios con los suyos y besarla. Abrí más los ojos de lo que estaban y alcé las cejas sorprendido. Los labios de Julie y Loring primero estaban pegados como si hubieran sido forzados. Pero a medida que pasaban los segundos, los brazos de Julie se alzaron y rodearon el cuello de Loring. Este separó un poco sus labios para coger ambos algo de aire y antes de que se cerraran, los posó de nuevo en los de ella, comenzando a moverlos mientras se abrían y se cerraban. Los ojos de Julie se cerraron mientras los labios de ambos seguían con ese beso que poco a poco se empezaba a volver un poco más intenso. Loring me miró por última vez antes de cerrar los ojos y entregarse completamente al beso. Abrió los labios de Julie con los suyos y lamió el labio inferior de un modo, quizás, juguetón antes de tomarla de la nuca con una mano y fusionar ambos labios. Coló su lengua en la lengua de la otra y escuché como una pequeña queja salía de los labios de la chica, como si necesitase aire. Se separaron un momento y Julie abrió los ojos a la par que sus labios para tomar algo de aire. La escuché jadear un poco mientras Loring pasaba de hacerla caso y se deleitaba lamiendo y besando su cuello. La giró para que me diera la espalda mientras que con sus manos buscaba el inicio del vestido y lentamente lo abría, mientras la acariciaba la espalda. Tragué saliva confuso. En cierta parte, esta escena podría considerarse excitante. Por otra parte, a mi me causaba rabia. Y no entendía bien por qué.

Loring abrió su ojo antes de separarse y contemplar a su prometida con el vestido holgado. No pude leer su mirada, pero juraría que había deseo en ella. La chica, por otro lado, la noté que se sujetaba el vestido para que no se le cayera. ¿Que le importaba? Si ese hombre era su prometido, no debería darla vergüenza enseñar su cuerpo ante él.

Me mordí el labio mientras miraba como Loring alzaba su mano y acariciaba el hombro de la muchacha antes de rodear con su mano el cuello de esta y volver a unirse en un beso apasionado. Agradecí enormemente que ahora ella estuviera de espaldas.

Parpadeé y me obligué a mi mismo a cerrar los ojos de vez en cuando, aunque siempre terminaba mirando. Siempre. Era una tentación demasiado enorme para mi. Y lo que veía no me gustaba. Loring se había desecho del vestido de su prometida, mostrando así su blanca piel, cuidada y lisa. Sin imperfecciones. No pude evitar llevar mi mano a mi brazo donde una cicatriz de la quemadura se asomaba. Tragué un poco de saliva mientras veía como las manos de Loring, un poco más oscuras que la piel de Julie, pero poco, recorrían el costado de esta mientras sus movimientos indicaban que seguían con el beso. Ví como agarraba un poco más fuerte su cadera y la giraba para tumbarla en la cama de Robert y que quedaran ambos sobre esta. Loring encima de Julie. Loring vestido mientras que ella estaba completamente desnuda.

Loring se separó de la chica mientras se deshacía de su camiseta, y Julie se sentó apoyando las manos en el colchón. Miré completamente embobado su cuerpo desnudo. Si antes me pareció hermosa, ahora me lo parecía más. Su piel carecía de nada que la estropeara. Se veía suave y sobre ella se deslizaba su cabello castaño. Se deshizo de la media coleta que lo sujetaba y cayó suelto completamente tapando parte de su rostro, creando un aire de sensualidad difícil de comparar... y eso me molestó un poco. Además, había que tener en cuenta que Julie tenía algo de lo que yo carecía: unas hermosas y sensuales curvas. Su pecho no era demasiado grande, pero tampoco era pequeño. Las manos de Loring podrían encajar completamente en él. Mis manos se alzaron inconscientemente a mi pecho.

El cuerpo semidesnudo de Loring se acercó de nuevo al de Julie mientras esta alzaba de nuevo los brazos y pegaba su pecho al de él. Me mordí el labio y le miré antes de comprobar que estaba excitado. Loring estaba excitado con ella. A ver, lo normal es que me excitara yo también al ver esto. Al fin y al cabo, después de tanto tiempo es, por fin, una escena de sexo normal y corriente. Entre un hombre y una mujer. Una escena deseable por muchos. Pero por alguna extraña razón, a mi me llenaba de rabia. De pronto, esta situación me parecía más una burla, como si Loring me estuviera tomando el pelo de nuevo.

Una mano de Loring viajó hasta el pecho de Julie, agarrando uno de sus pechos y comenzando a masajearlo. Las manos de su prometida, por otro lado, viajaron hasta el pantalón de Loring, desabrochandolo con destreza, como si esta no fuera la primera situación en la que se ven así. Aunque claro, son prometidos, seguro que no es la primera vez que estan juntos de esta manera. Seguramente en Navidad tuvieron mucho tiempo para tener sexo de mil maneras diferentes. Suspiré en silencio antes de escuchar un leve gemido y alzar mi mirada de nuevo hacia ellos, donde la otra mano de Loring quedaba oculta entre las piernas de Juliet. Abrí los ojos sorprendidisimo y noté como cierto rubor se subía a mis mejillas. Los movimientos circulares de la mano de Loring me hacían ver que, efectivamente, estaba donde yo creía. Loring sonreía de manera burlona mientras las manos de Julie se agarraban fuertemente al cuello de Loring y sus piernas quedaban dobladas pero temblorosas. Sus labios quedaron semiabiertos mientras de vez en cuando dejaba escapar un gemidito. Y podría parecer exagerado, pero conocía esas manos mejor que ella incluso. Y sabía las maravillas que Loring podría hacer con ellas. Por lo que esa reacción por parte de Julie no me pareció exagerada. Solo me dio envidia. Ahora necesitaba, a mi pesar, que Loring hiciera esas maravillas conmigo.

La lengua del rubio bajó hasta el cuello de Julie y lo lamió antes de dejarle un mordisco como regalo. Me mordí el labio antes de clavarme las ulas en las piernas y agachar la mirada. ¿Por qué tenía que aguantar todo esto? Si bien podía dejar de mirar, tampoco quería hacerlo. Quería ver, por primera vez, este tipo de escena desde una tercera persona, no limitarme a sufrirlas. Pero tampoco quería ver a Loring tirándose a otra persona, y menos a una tía. Escuché algo, no terminé de comprender el qué, y miré hacia arriba, hacia la raja que había abierto antes, para poder ver como Loring se había separado de Julie completamente. Esta se arrastraba a la cama y se tumbaba, quedando completamente expuesta ante Loring. Este, por otro lado, la dio la espalda mientras se bajaba los pantalones que ella antes había desabrochado, junto con la ropa interior, y mostraba su miembro erecto de frente a mi. Parpadeé un poco antes de notar como se agarraba el miembro y se masturbaba ligeramente. Alcancé a ver como sus labios se curvaban en una sonrisa burlona antes de darse la vuelta y levantar las piernas de Julie.

Me quedé mirando como las caderas de Loring se movian contra las de Julie casi sin ver. Esa visión de ver como Loring se masturbaba delante de mi había sido demasiado. De pronto, mi miembro requería mis atenciones mientras que mis mejillas se tornaban de un tono rojo brillante. Notaba como el calor estaba en todo mi cuerpo. Loring lo había echo para provocarme, y lo había conseguido. A medida que los gemidos de Julie empezaban a inundar la habitación, mi mente no hacía más que imaginarme en esa situación con Loring. Incluso deseando ese beso que antes Julie y él se habían dado.

Noté como el ambiente estaba caldeado al escuchar a Julie gemir cada vez más alto. Loring solo tenía los labios abiertos, jadeando mientras agarraba con mucha fuerza las caderas de su prometida. Se mordió el labio antes de girar un poco el rostro, pero no pude ver hacia donde lo giraba. Me agarré las rodillas con fuerza al ver como se inclinaba de nuevo hacia ella y la besaba de la misma manera de antes, mientras que con la cadera daba unas fuertes embestidas que hacían que los pechos de Julie rebotasen un poco. Me quedé abrumado cuando noté que esos movimientos eran tensos e indicaban el final del acto. Excitado, pude ver como lentamente Loring salía del interior de Julie, a la par que ella soltaba un leve gemidito.

Miré detenidamente a Loring viendo en su rostro gran parte del carmin que había dejado de adornar los labios de la chica. En ese momento me empezaron a pitar los oidos. No podía creerme lo que acababa de ver. Quería pensar que había sido imposible que eso pasara, que el tipo que hasta hacía nada me había estado violando, de pronto se acostara con una tipa. Que estuviera prometido, además.

—Ven aquí, que tienes una cara horrible —dijo Julie mientras se levantaba, aún desnuda, y alzaba una mano para limpiarle el rostro. Pero Loring parecía no querer más contacto con ella pues se levantó y se separó de ella como si la pobre chica tuviera la peste. Fruncí el ceño un poco confuso. ¿Por qué le hacía eso a su prometida? Supuestamente cuando estás con alguien es por que le quieres... o le usas como juguete sexual...

—No necesito ayuda —escuché que dijo tan secamente que parecía que el cualquier momento echaría veneno por la boca. Eché mi cuerpo un poco hacia atrás para quedar más oculto entre las sombras y clavé mis uñas en mis piernas. No podía hacer ruido ahora. Mi situación era muy delicada.
Miré a la muchacha mientras esta respiraba profundamente y levantaba su pecho en el proceso. La vi buscar su ropa y agaché un poco la cabeza. Esta situación parecía demasiado incómoda.

—¿Podemos hablar de la boda? No he venido aquí a cumplir tus fantasías —respondió Julie mientras recogía su vestido del suelo.

—Pff, tranquila. Que mis fantasías no son contigo —contestó Loring dejándome un poco confuso. ¿Cómo que sus fantasías no eran con ella? ¡Estaban prometidos! Lo normal era que tuviera fantasías con Julie.

—¿Qué...? Pero... ¿por qué te has acostado conmigo entonces?

—No sé si te has fijado, pero aquí no hay muchas mujeres de las que disfrutar —dijo como si Julie fuera tonta. Alcé una ceja y sacudí la cabeza. O sea, me comparaba con una mujer...
Me eché el pelo hacia atrás mientras de reojo veía como la chica se vestía con paso firme. Se la veía de mal humor, la verdad. Y era normal. Su prometido estaba demostrando que de quererla, la quería poco. ¿Por qué hacía eso? La chica había ido a verle, no se había resistido a lo que Loring le había echo este la había tratado como una mera prostituta. Aunque para mi eso ya no era nada nuevo. Yo era tratado así día si y día tambien. Ya ni si quiera podría decirse que fuera una persona, solo era el mero consolador de Loring, el cual se movía y tenía voluntad propia, aunque no lo pareciera.

—Quieras o no tienes que ayudarme a preparar la boda. ¡Faltan meses y hay muchas cosas que no se han preparado aún! —dijo casi indignada.

—Tu lo has dicho. Faltan meses. ¿Qué prisa tienes? —alzó una ceja Loring mientras se cruzaba de brazos.

—¿Te crees que una boda se organiza de la noche a la mañana? —preguntó Julie irritada mientras intentaba, en vano, cerrar el vestido que se había vuelto a poner. Pero el cierre estaba en la espalda y poco podía hacer pues apenas llegaba.

—¿Tantas prisa tienes por echarme el lazo?

—¿Al cuello? Sí. Muchísima.

—Vaya. ¿Dónde ha quedado la Julie que me llamaba «cariño» nada más entrar por la puerta? —preguntó Loring cabreado y con cara de asco. ¿Como es posible que le ponga cara de asco a su prometida?

—Se largó detrás de mi padre —dijo Julie. La verdad es que entendía que Julie tuviera que echarle narices para estar con Loring por que sin...

Espera. ¿Que? ¿Su padre?

Me quedé de piedra tras entender ya esa frase. Antes, los únicos que estaban en la habitación habían sido el general y Robert, junto a Loring y ella. Robert era demasiado joven para ser el padre de Julie, y Loring era su prometido. Tragué saliva. ¿El general era el padre de Julie? Pero... pero... ¿Cómo? ¿Por qué? Ahora entendía la urgencia y el cabreo que se había pillado Loring antes cuando Robert le dijo que el general iba a visitarle, ahora entendía que el general mirara por la habitación para ver si Loring tenía algo. Estaba buscando algo que pudiera inculpar a Loring de estar poniendo los cuernos a su hija. ¡A su hija! Joder, ¿cómo puede ser que todo esto se empeorara? ¡¡Era prácticamente imposible que esas dos cosas coincidieran!! ¿Pero qué clase de suerte tiene Loring? O mejor dicho ¿qué clase de suerte tenía yo?

—¿Vas a ayudarme o no? —preguntó Julie retomando la conversación.

—¿A una falsa niña rica como tú que aprovecha las influencias de su padre para obtener lo que quiere? No. No me meterás en tu juego tan fácilmente — contestó Loring con condescendencia.

Casi pude ver como la paciencia de Julie llegaba a su límite. En el momento en el que se puso ante él y levantó la mano, pude ver el error que había cometido. Me mordí el labio un poco asustado y me dieron ganas de salir y decirle que no lo hubiera pues yo, mejor que ella, sabía las consecuencias de los actos que podría acarrear el levantarle la mano a Loring. Cuando escuché el ruido de la bofetada casi me tapo los ojos con las manos. Me mordí el labio tenso y noté como me había echo una herida. Esa chica no me caía bien así que tampoco tenía por qué preocuparme por ella ¿no? Loring se llevó una mano a la mejilla que poco a poco se tornó roja y su expresión de sorpresa pasó a ser una de furia. Con rapidez tomó de la muñeca a Julie y le lanzó una mirada que helaba el cuerpo. La vi totalmente paralizada, asustada. Forcejeó un poco mientras Loring la mantenía agarrada, pero se veía como Loring se había entrenado durante tanto tiempo su fuerza era mucho mayor. Echó la muñeca de Julie hacia atrás ganándose un quejido de dolor por su parte mientras se intentaba inclinar hacia detrás para mitigarlo.

—Loring... Suéltame... ¡Me haces daño! —se quejó Julie mientras miraba a Loring desde poco más abajo.

—No te atrevas a ponerme una mano encima, puta —dijo cabreado antes de lanzarla contra mi. Cerré los ojos y tapé mi boca para no soltar un pequeño grito. Parpadeé mucho en ese momento, mirando a mi alrededor y cercionandome de que el baúl no se había abierto. Menos mal. Lo último que quería es que esa chica me mirara y me viera y pidiera a su padre que me agujereara la cabeza. Tragué un poco de saliva en silencio antes de escuchar de nuevo la voz de Loring —¿Qué coño haces tú aquí? —preguntó. Me asomé un poco, con precaución de no ser visto. En la puerta, recién abierta, se encontraba Robert.

—Esta también es mi cabaña, Loring. Tengo tanto derecho como tú a estar aquí —respondió con seriedad. Ví como Loring se encogía de hombros y salía de la habitación a la par que entraba Robert. Cuando se cerró la puerta, el silencio se hizo presente durante unos cuantos segundos hasta que un sollozo por parte de Julie se hizo presente. Entonces Robert, que hasta ahora estaba mirando pro la ventana un tanto incómodo, se acercó a ella con cautela y la ayudó a ponerse de pie.

—Ese bastardo hijo de puta. ¿Como se atreva a golpearte? —escuché que murmuraba Robert a la par que miraba a Julie y la abrazaba con suavidad. Yo creo que mi mente hoy ya no daba para más. ¿Que estaba pasando ahora? ¿Adulterio antes de la boda? ¿Eso era si quiera posible? Pues al parecer si. — ¿Estás bien? —Julie asintió con la cabeza mientras rodeaba con los brazos a Robert. Vi como las manos de Robert recorrían suavemente la espalda de Julie hasta que dio un pequeño botecito y soltó un quejido —¿Te duele? —preguntó de nuevo, a lo que Julie volvió a asentir. —Tienes un hematoma —dijo antyes de depositar un beso en su espalda y subir el cierre del vestido.

—Gracias —murmuró por fin antes de comenzar a calzarse una vez se sentó en la cama de Robert.

—Julie... —empezó Robert.  Ví como Julie fruncía el ceño antes de alzar la mirada y clavarla en Robert.
—No voy a cambiar de idea.

—¡Pero tu no le quieres! Y él tampoco te quiere.

— ¿Y? Su familia tiene una buena posición, tiene dinero y es el mejor soldado del pelotón —dijo poniéndose de pié.

—Pero tu me quieres a mi. —dijo con mucha seguridad. Demasiada seguridad diría yo. La tomó de la cintura y la pegó a él mientras la acariciaba la mejilla y retiraba un poco el pelo. —Soy mehor que él, Julie. Yo te quiero, te trataría como una reina. Te daría el mundo entero si me lo pidieras...

—Tu no puedes darme el mundo, Robert. Él si.

—Julie, él no es tan grandioso como tú te crees —dijo Robert ya más enfadado que antes.

—¿Por qué lo dices? —preguntó con extrañeza. Robert giró un poco el rostro y miró fijamente al baúl, me miró fijamente a mi y yo me eché un poco hacia atrás para que las sombras me ocultasen. Yo no debería de ver estas cosas y el miedo ya se estaba apoderando de mi. Todo lo que antes me había excitado, ahora me había quitado todas las ganas de todo.

—Por nada —terminó diciendo Robert. Julie se quedó en silencio mirando a Robert antes de abrazarse a su cuello.

—Robert... Solo necesito un hijo suyo. En cuanto tenga al heredero de su familia, por mí como si se va a la guerra y no vuelve —dijo Julie. Eso me enfadó. No sé por qué pero me molestó muchísimo escucharlo.

—¿Y por qué no puede ser hijo mio? —preguntó agarrandola por las caderas.

—Siendo hijo tuyo solo ganaría una granja. Siendo hijo suyo, gano un imperio mercantíl —rió Julie —no hace falta ser muy lista para saber por qué caballo apostar —añadio antes de darle un beso.
Se creó un breve silencio mientras Robert apoyaba su frente contra la de Julie y se miraban a los ojos intensamente. Robert acarició la mejilla de Julie y sonrió lijeramente:

—Te quiero.

—Lo sé —respondió Julie riéndose antes de separarse de él y dirigirse hacia la puerta.

—¡Eh! Eso no es lo que tienes que responder —reprochó Robert con una sonrisa de diversión. Pero en lugar de responder a Robert en ese momento, simplemente le lanzó un beso antes de salir de ahí. Me quedé mirando el lugar un poco, y agaché la mirada. El silencio se hizo y creí que Robert diría o haría algo, pero no hizo nada, somplemente se quedó en silencio.
No tardó mucho en escucharse la puerta cerrarse de nuevo, y cuando miré hacia fuera, me ví completamente solo en la habitación.


*


No sabía cuanto tiempo había pasado solo en la habitación, solo que había escuchado a algunos soldados pasar por el lado de la cabaña como entrenando varias veces seguidas. Pude escuchar a lo lejos, también, sonido de platos o de cubiertos por lo que pude adivinar que, al menos, la hora de la comida había pasado. Abrí los ojos cansado al escuchar de nuevo la puerta abrirse y me escondí un poco en la sabana que antes había cogido para apoyar la tapa del baúl. Escondí parte de mi rostro y mi cuerpo entero, cerrando de nuevo los ojos. La verdad es que no quería saber nada ahora mismo de nadie. Por alguna extraña razón, me sentía furioso y triste. Pero prefería no pensar demasiado en ello. Sino, dejaría que todo se apoderara de mi y de mi consiciencia.

Por suerte había podido relajarme sin necesidad de llegar a mis manos. Por alguna extraña razón, pensar en la imagen que había visto anteriormente no me agradaba, me repelía y hacía que toda excitación que pudiera ocasionarme, desapareciera rápidamente. Por alguna extraña razón solo me excitaba viendo a Loring. ¿Por qué? Mi cuerpo estaba corrompido ya por esos impulsos que Loring había tenido conmigo, por todo ese sexo asqueroso entre dos hombres ahora mi mente solo podía excitarse con ello. Eso me convertía en un enfermo.

Noté como el baúl se abría lentamente y vi fuera el rostro de Loring. En el pude ver como todavía seguía una leve rojez donde Julie le había dado. Como estaba inclinado, al alzar una mano, pude acercarme a su mejilla para tocarla o acariciarla. Pero apenas mis dedos rozaron su piel, el se apartó y se puso de pié. Alzó una ceja como si ese intento de acariciarle no hubiera existido y ladé un poco la cabeza.

—¿Disfrutaste del espectáculo? —preguntó mientras yo me alzaba un poco para quedar a la altura de su cadera. Respiré hondo varias veces y dejé una ceja alzada, como si no supiera de que me hablaba.

—¿Que espectáculo? —dije sonando demasiado molesto de lo que quería en realidad. El reprimió una sonrisa y me revolvió el pelo dejándome demasiado sorprendido. Sentí de pronto una presión en el pecho y como mi corazón se aceleraba. ¿Por qué?

—Si si, seguro que no sabes de que hablas —dijo, dándome la razón como a los tontos. Yo solo atiné a agachar la cabeza para que no viera como mis mejillas se habían tornado rojas y para que no viera esa pequeña sonrisa que se me había formado al recibir ese minúsculo gesto de cariño.


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Hola! Cuanto tiempo eh? Hace mucho que no cuelgo nada, pero entre trabajos, clases, estudios, dibujos para clases, estoy que no tengo tiempo ni para pensar ;A; ¡Pero DCO no ha muerto! A pesar de que lleva tanto tiempo sin ser actualizado, es como la mala hierva: nunca muere (?)

¿Qué más decir? Ahora es cuando la historia comienza a ganar más interés en realidad... o más bien, se puede decir que ya se le puede considerar historia que no sea solo porno puro ahahahaha.
En fin, espero que os guste este capi :D

Especiales agradecimientos a Momo-chinn quien creó y me cedió la escena de Julie y Robert (desde el punto de vista de Julie xD) para poder añadirla a esta historia y poder empezar a mostrar ciertas cositas :DD Sin esa escena, no hubiera terminado el capi así (y a saber como hubiera terminado xDDD).

Un saludo! Y espero no tardar demasiado en los próximos.

PD: Esta historia acaba de comenzar en Wattpad! Si quieres releerla o empezarla a leer de nuevo, allí tendrá un capítulo aprox al mes (aunque este mes fueron dos capis xDD). Ahora si que si, espero que os haya gustado!

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