25 dic. 2014

Deux côtes opposúx [Parte 6]

Contenido +18 ChicoxChico.
Protagonista: Matthew Daniels (Oc) Con el nombre de Miette.
Esto es un relato de varios capítulos de ficción basado en una guerra, en un universo totalmente inventado. Los personajes y lo que sale en este relato es todo ficticio cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. De igual modo, el contenido de este relato puede resultar sensible por su contenido ideológico. Si no te gusta el género chicoxchico, o el echo de que esté ambientado en una guerra, así como posibles escenas pornográficas y/o grotescaste invito a no leer esto. Gracias por la atención.

Puse el descargo de responsabilidades por si acaso. No vaya a ser....

-->Índice<--||-->Capítulo 5<--

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6


Desperté con un fuerte dolor en el cuerpo. Era como si me hubieran dado una paliza. Entre de nuevo el sexo con Loring y el echo de dormir en un baúl, era como si en toda la noche no hubiera dormido nada. Más de una vez sentía ganas de salirme del baúl y dormir en el suelo mismo, pero, para que negarlo, el baúl servía un poco como refugio ante el frío que reinaba en la cabaña. Sin necesidad de salir, se podía haber visto como la noche cayó a una hora temprana y ahora, mientras los otros dos soldados duermen, yo miro a la ventana y seguramente no amanecerá hasta las tantas. Estábamos, o bien en otoño, a finales, o bien a principios de invierno. No lo sé, la verdad.


Todavía cansado, siento como si mis hombros y articulaciones se hubiesen convertido en trozos de metal, inmóviles por nada del mundo. De nuevo, intento moverme dentro del baúl para encontrar una posición cómoda, pero no consigo acoplarme. Siento la necesidad de estirarme de alguna manera. Ciertamente acabo de decir que el baúl me servía para refugiarme del frío, pero ahora mismo resultaba un tanto inútil. Molesto, mejor dicho. Lo único que estaba consiguiendo es que mi espalda se agarrotara de la peor manera posible, hasta el punto de que el más mínimo movimiento, repercutía. Saqué mi cuerpo de cintura para arriba y me quedé de rodillas en el baúl, estirando mi espalda y brazos hacia arriba y escuchando como sonaba mi espalda. Pero a su vez, un frío totalmente distinto al calor que tenía acumulado en el baúl, recorre cada fibra de mi cuerpo, provocándome un escalofrío. Abro mucho los ojos al notarlo y me abrazo los brazos. Lentamente salgo del baúl, aun a sabiendas de que pasaré más frío que antes y me tumbo en el suelo, al lado del baúl. Me encojo un poco al principio hasta que noto como el sueño, rápidamente, se empieza a hacer cargo de mi cuerpo cansado. Mi respiración alterada y tiritante, poco a poco fue relajándose hasta quedar calmada. Cerré los ojos y, por fin, después de media noche en vela, consigo dormirme.


*

Noté algo que me despertaba, eran golpes en el costado. Gemí un poco y me encogí mientras me despertaba. La luz entraba débilmente por la ventana, apenas habría amanecido y yo apenas habría pasado un par de horas dormido. Miré hacia delante cuando mis ojos se acostumbraron a la luz vi los pies desnudos de... alguien. Me senté todo lo rápido que me permitían mis movimientos de recién levantado y alcé la mirada para poder ver a Loring, el cual me miraba extrañado.

—¿Qué coño haces en el suelo? —preguntó. Ya no me sorprendía que se despertara con ese humor.

—Yo... dormía —dije mientras agachaba la cabeza —no cabía en el baúl.... —seguí —y no podía dormir... Iba a volver enseguida al baúl—añadí un poco asustado. Anoche me había ordenado explicitamente que durmiera en el baúl, pero es que no podía. Era demasiado pequeño. A ver, yo tampoco es que fuera demasiado grande, lo sé, mi cuerpo es más bien como el de un adolescente, pero... pero es que ese baúl me quedaba muy justo, estaba acurrucado y apenas podía moverme bien. Era... molesto. Muy molesto.

Pero Loring no hizo nada. Estaba temiendo una bronca, que me castigara o algo, pero no hizo nada. Simplemente me miró como si fuera idiota y salió de la habitación para irse a desayunar. Me miré y luego miré a la puerta y me puse de rodillas en el suelo. Me abracé un poco los brazos con frío y cerré un poco los ojos, temiendo quedarme dormido en el silencio de la habitación. Pero, para mi sorpresa, sentí un pequeño peso sobre mis hombros. Alcé la mirada y los brazos y noté la tela suave sobre mi. Tiré de la peluda tela hacia abajo y descubrí que se trataba de una manta. Miré hacia atrás y descubrí a Robert con una ligera sonrisa.

—Buenos días —dijo antes de despedirse con la mano. Saludé con la mano antes de que se fuera de la habitación. Dejé la manta rodeando mi cuerpo y poco a poco noté como me calentaba. Me sentí mucho mejor cuando noté algo de calor en el cuerpo y cerré los ojos más tranquilo.

Una cosa si había cambiado, y es que al menos ahora podía contar con la presencia de Robert, un, al parecer, amigo de Loring. Él, al contrario que el rubio, me trataba bien. Era el primero, en más de medio año, en llamarme por mi nombre. Parecería una tontería para muchos, todo hay que decirlo, pero para mi significaba más de lo que podría nadie imaginar. Ya no era solo una prostituta, sino que, durante un breve instante de tiempo podía ser de nuevo Miette y no un mero objeto de diversión.

Me volví a tumbar de nuevo y me acurruqué en la manta y cerré un poco los ojos. Dejé la mitad de mi rostro bajo la manta, quedando al aire solo los ojos y debajo de la manta la nariz y la boca. Mis pies quedaron escondidos en la manta y me aseguré de que no quedara ni un solo espacio al aire. Cerré los ojos y noté como poco a poco el sueño me invadía. Era agradable poder sentir que iba a dormir caliente por un rato, pero no tardó mucho el llegar el impedimento. Abrí los ojos cuando noté pataditas en mi hombro. Me giré un  poco y al ver a Loring me asusté. ¿Qué hacía ahí? No había echo nada malo, solo dormía. ¿Era por qué tenía la manta? A lo mejor él no quería que tuviera la manta y prefería que durmiera al raso y no con la manta. Por lo tanto, fui a quitarme la manta de encima a la par que me sentaba mientras le miraba aún con miedo en los ojos. Pero...

—Robert te deja dormir en su cama —soltó de pronto. Parpadeé un poco casi incrédulo y sonreí escondiendo mi rostro tras la manta. Me enrollé en esta y me levanté y me senté en la cama notando la mirada de Loring tras de mi. Sonreí un poco y me tumbé en la cama, notando como mi cuerpo se hundía un poco en el colchón. De pronto el peso de la noche me azotó la espalda, los hombros, la cabeza... todo el cuerpo. Tiré de la manta con una sonrisa en la cara y me arropé de nuevo, pero malamente. Miré pesadamente a Loring, el cual me miraba con mala cara.—Pareces gilipollas sonriendo por una tontería como tener cama.

—Después de dormir en un baúl y en el suelo.... hasta dormir en un montón de hojas puede ser cómodo —dije con una sonrisa en la cara —no puedes apreciar lo que tienes hasta que lo pierdes....—añadí en un suspiro, casi inaudible.

—Entonces te traeré un montón de hojas —añadió mientras cruzaba los brazos.

—Bueno.... vale... —añadí mientras el sueño arrastraba mis palabras. Vizqueé un poco sin querer dormirme y menos delante de Loring. ¿Y si me pedía algo mientras yo estaba dormido? No quería que eso sucediera, se enfadaría conmigo. Se me cerraron solos los ojos y me desperté. O eso pensé por que cuando abrí los ojos de verdad, habían pasado un par de segundos. Me pasó lo mismo un par de veces, hasta que me froté los ojos. Escuché una risa divertida y miré de nuevo a Loring.

—Deja de intentar parecer despierto, es más patético aún —añadió mientras me miraba de reojo. Parpadeé lentamente todavía con mis ojos clavados en él, aguantando como buenamente podía.

—Pero.... noo.... yo... no quiero... dormirm... me....


*

Desperté lentamente de mi letargo y miré a mi alrededor un tanto confuso. Me froté ligeramente los ojos para intentar espabilarme y me incorporé lentamente en la cama. Cuando enfoqué mi mirada, esta se dirigió a la figura que andaba por la habitación. Estaba totalmente seguro de que era Loring. Pero me equivoqué. En una mejor vista, pude ver como Robert se sentaba a los pies de la cama y me miraba con una sonrisa divertida. Noté como mis mejillas se calentaban un poco y miré hacia otro lado. Pensaba levantarme antes de que él volviera, pero al parecer no había podido tener la oportunidad de hacerlo. Suspiré y agarré fuerte la manta mientras dirigía mi mirada a las sábanas, intentando no pensar demasiado pues sabía que si lo hacía, diría alguna estupidez.

—Gracias por dejarme dormir en tu cama —dije sin mirarle.

—... Yo no te he dejado.

—¿Eh? —parpadeé mientras levantaba la mirada y la clavaba en Robert. ¿Cómo que no me había dejado? —pero... Loring me dijo que me dejabas la cama.... —añadí mientras me mordía ligeramente el labio, nervioso.

—Bueno... pues te ha mentido. Yo nunca dije que pudieras dormir en mi cama, pero tranquilo, entiendo que es mejor una cama que un baúl, no pasa nada —dijo con una sonrisa encantadora. Yo salí y me fui al lado del Baúl sintiendo su mirada en la nuca.

—Lo siento. No quería estar en tu cama sin permiso —respondí mientras me acurrucaba y me abrazaba las piernas.

—Para la próxima vez, pregúntame antes —dijo mientras me miraba como extrañado. Ladeé la cabeza sin entender muy bien que le pasaba y volvió a abrir la boca —Habiendo una cama libre, es estúpido dormir en un baúl —comentó. Eso captó mi atención y clavé mis ojos en la cama y luego en Robert —Loring ha cogido unos días, por así decirlo. Estará todas las navidades fuera, así que puedes aprovechar —añadió con una risa.

—Pero... ¿Y si me ve cuando vuelva? ¡Se enfadará! —dije preocupado —¿tardará mucho en volver?

—Volverá al acabar las fiestas, cuando termine su permiso —me contestó, haciéndome el hombre más feliz del mundo. 

Sonreí y me metí bajo las mantas sin nada más que decir. Noté como la fina tela de las sábanas acariciaba mi cuerpo y se posaba gracilmente en cada uno de los huecos de que mi cuerpo dejaba sobre la cama. Suspiré de placer cuando noté como un aroma inundaba mi nariz pero hice una mueca al recordar que ese aroma era el aroma de Loring. ¿Había suspirado de placer solo por oler algo que huele como él? Creo que el tiempo sin cama me ha afectado demasiado. Subí reptando hasta la almohada y apoyé la cabeza en esta, dejando los ojos abiertos. Me asomé de entre las sábanas y miré hacia la cama de Robert para darle las gracias, pero le ví mirar al techo, melancólico. Fruncí un poco el ceño y agarré con fuerza las sábanas alrededor de mi cabeza, como si me hubiera envuelto debajo de estas y fuera imposible que me sacaran de ahí.

—¿Por qué no te has ido tú cómo Loring? —pregunté con cierto deje de curiosidad en la voz.

—He pensado en aprovecharme de que Loring se va para violarte yo.

—.... ¡¿QUE?! —pregunté casi con un grito mientras encogía mi cuerpo debajo de las sábanas asustado —¡No! ¿Por qué? No, no.... —casi supliqué mientras escondía mi cara en las sábanas. ¿En serio?

—Pfff, tranquilo, tranquilo —dijo antes de empezarse a reír. Parpadeé un poco trastocado y asomé mi cabeza de nuevo, curioso —Era broma. No estoy tan loco ni tan desesperado para hacerte algo así. No es... natural.

—Por fin... pensaba que todos estaban locos en este lugar —suspiraba —y que os molaba el morbo de ser descubiertos o no —añadí mientras me cobijaba más en las sábanas— no sé por qué lo hacen.

—Sales más barato que una puta. —Contestó con simpleza. Con demasiada simpleza.

—Vaya... me alegro entonces —suspiré mientras me giraba y asomaba la cara al completo, mirando al techo.

—Al menos ahora ya no tienes a todo el campamento detrás tuya —añadió antes de estallar en una  carcajada. Me sonrojé al notar el doble sentido de la frase y le miré casi sorprendido y ofendido.

—Pero los tuve. —dije mirando de nuevo al techo —... no puedo negar que actualmente no vivo mal pero.... —miré hacia la pared y le dí la espalda a Robert —ojalá no viviera en este infierno.

La conversación murió ahí. Él no tenía ganas de contestar, ni yo tenía ganas de seguir hablando. Simplemente esperé hasta que las luces del exterior se apagaran y la respiración de Robert se tranquilizasen y se volvieran regulares. Me giré hasta ver su bulto sobre la cama y me quedé sentado sobre la de Loring.

Ya eran esas fechas. La navidad. La familia se reunía en estas fechas para celebrarla. Las cenas eran abundantes y era un, denominado, periodo de paz. Por lo que podía imaginar, muchos soldados salían a celebrarla a pesar de que algunos de sus compañeros estaban en el campo de batalla. Aunque claro, teniendo en cuenta que los que se encontraban en este campamento no eran más que meros soldados en proceso de entrenamiento, no era de extrañar que pudieran irse a casa.

Mientras que Loring sí celebraba esta fiesta, yo estaba en su cama, mirando al techo con una mirada vacía. Desde hacía años, no celebraba la navidad tal y como se conoce con mi hermana, sino que a lo mejor nos reuníamos al fuego y, por una vez, hacíamos un pequeño exceso para comprar un capricho para comer. El año pasado, recuerdo, haber sacrificado parte de mi sueldo y comida para poder regalarle a mi hermana una muñeca que había visto en un escaparate. Había visto tal ilusión en sus ojos que no me molestó el trabajar horas extras para poder remunerar el dinero gastado. Pero ahora...

Ahora estaba sin poder estar con ella. ¿Qué estaría haciendo? A lo mejor piensa que estoy muerto y simplemente ha seguido con su vida, o ha sido lista y a ahorrado en estos seis meses para poder volver con los abuelos a Suiza. Lo único que quería es que ella fuera feliz, pero si yo no podía estar para protegerla ¿quién lo haría? Ella apenas era una niña aún, o al menos para mi siempre sería una niña. Es mi pequeña hermana menor, y ojalá pudiera estar cuidándola ahora y siempre sin problemas. O mejor dicho, ojalá pudiera estar ahora mismo a su lado. Era muy triste no poder pasar las navidades con mi única familia, pero tampoco podía pedir más. Al menos ella, seguramente, estaría bien, o mejor que yo al menos. Ella estaría en casa o en casa de su jefe, quién sabe. Ah... te echo de menos Amelie. Ojalá pudiera estar contigo en casa.


*

Dos días habían pasado desde que se fue Loring y notaba la habitación, quizás, demasiado tranquila. Me había acostumbrado a su presencia más de lo que me gustaría, por lo que ahora se me hacía raro estar sin él por aquí. Qué decir que aunque me sentía un poco raro, no echaba de menos, para nada, el echo de tener que soportar que se caliente demasiado cuando no debe. Mi cuerpo estaba descansando de lo lindo en su cama, no puedo decir que no. Además, no tenía por qué estar fuera, en el frio, notando como se me hielan los huesos.

Pero quizás si había encontrado una pequeña pega en esto de quedarme en la habitación de Loring, y era Robert.

No es que fuera un mal chico ni nada del estilo, a ver, no nos confundamos. Robert era muy majo y había terminado cayéndome bien, pero existía una gran brecha entre nosotros que era insalvable. Yo había pertenecido al ejército francés, y él era alemán. Yo había sido la puta de innumerables soldados y, seguramente, a Robert le asqueaba mi presencia; aunque, de hacerlo, no lo había dicho. Por tanto, teniendo en cuenta esa gran brecha, nuestra estancia en la habitación era un tanto incómoda y silenciosa, volviendo el ambiente tenso y aburrido a la vez. Ninguno de los dos rompía el silencio más de lo necesario.

—¿Quieres jugar a las cartas? —escuché de pronto, saliendo de mi ensimismamiento. Me senté en la cama y ladeé la cabeza. Por primera vez no era una charla en la que me preguntaba si quería que me trajera algo para comer. Esta vez había sido por propia voluntad y por el mero entretenimiento. Miré detenidamente a Rody, parecía incómodo al igual que yo, que no sabía que contestar.

—Ahm... no sé jugar —contesté con algo de vergüenza —¿cómo se juega? —añadí mientras me ponía de rodillas y sujetaba la manta para que me tapase los hombros y no me entrara frio.

—¿Nunca has jugado a las cartas? —preguntó mientras él se sentaba en el colchón y me miraba como extrañado.

—No, nunca —añadí todavía avergonzado. Sabía que mucha gente se dedicaba a jugar a las cartas para pasar el rato, pero como siempre he estado trabajando y, últimamente parecía que no era más que un adorno, pues mis horas de entretenimiento habían sido más que nulas.

—Entonces ven, que te enseño —dijo mientras daba unos leves golpecitos en el colchón para que me acercara a él. Le ví empezar a buscar e imaginé que buscaría una baraja de cartas. Yo me arrebujé en la manta y caminé hacia él, sentándome donde me había indicado. Me enrollé bien para que no entrara el frio y observé de cerca a Robert. Era curioso ver a un alemán que no me tratara mal. Robert, definitivamente, era muy buen chico. Sonreí un poco y me atreví a preguntarle.

—¿Es difícil jugar? —ladeé la cabeza intentando ver si encontraba lo que buscaba y de pronto se dio la vuelta con una baraja en la mano y una sonrisa.

—Mira, yo te doy cinco cartas y dejo el montón con las que quedan en el centro. Tú tienes que ver tus cartas y combinarlas. Para combinarlas puedes hacer una pareja, juntando dos cartas del mismo número; un trío son tres cartas con el mismo número —dijo mientras colocaba un ejemplo entre nosotros y lo iba explicando a la vez— Si tienes las cartas en orden, digamos dos, tres, cuatro, cinco y seis, pero no son del mismo palo, se llama escalera —explicó mientras señalaba el ejemplo que me había puesto. Asentí a su explicación para que continuara y no se parara. —Y si son del mismo palo, pero no están ordenadas, se le llama color —señaló otro ejemplo. Fruncí el ceño pero asentí. No me terminaba de enterar de cuando era escalera y cuando color, quizás era demasiado lío para mi. Pero no dije nada. Prefería ver si le quedaba mucho por explicar... y parecía que si —Si tienes un trio y una pareja, a eso se le llama full, y si tienes la misma carta de todos los palos, se le llama poker. —asentí —Si la escalera, lo que te dije antes, todas las cartas son del mismo palo, se le llama escalera de color, y si consigues una escalera del mismo palo con el as, el rey, la reina, la sota y el diez, entonces es una escalera real de color y eso es lo que más vale —terminó. Yo estaba echo un lio entre las escaleras de color, las escaleras, los full, las escaleras reales... ya ni me acordaba de cómo se hacía poker.

Me quedé mirando fijamente los ejemplos que me había puesto con el ceño fruncido, intentando memorizarlos para que al menos saber que he echo algo de lo que se puntúa. Pero claro, a saber. Lo mismo la cagaba en un nada.Si es que esto no había quien lo entendiera. Ya era un logro que Robert me lo hubiera explicado y más de memoria.

—Creo... que lo he entendido —dije al cabo de un rato, no muy seguro —creo... —repetí para hacer hincapié en que todavía no tenía todo muy claro. Le escuché reírse y alcé la mirada para verle directamente mientras Robert se dedicaba a recoger las cartas.

—Ya cojerás práctica —me contestó sonriente mientras barajaba y colocaba las cartas que se asomaban de más de los bordes. Repartió cinco a cada uno y empezó a explicar de nuevo. —con estas cartas que tienes debes intentar combinarlas. Si no puedes, puedes coger una del montón y cambiarla por una de las que tienes. Y esa que antes era tuya, la dejas al lado del montón del centro, para que yo pueda ver cual es y, si quiero, cogerla para mi.

—Oooh.... entiendo... creo que lo voy entendiendo mejor —dije mientras levantaba mis cinco cartas y las miraba fijamente —ahm... vale. ¿Empiezas tú?

—No, empieza tú.

—Uuuh... vale —dije mientras volvía a mirar un poco mis cartas, intentando recordar los ejemplos que me había mostrado Robert antes, para saber si podía hacer una de las combinaciones que me había explicado con las cartas que tenía. Arrugué un poco la nariz al ver que no era así y dejé una carta para coger del montón otra —Uuh..... —miré mi carta y la que había dejado, y luego miré mis propias cartas. Hice una mueca con la nariz arrugada y metí la carta un poco refunfuñando, en el pequeño taquito de cinco cartas que tenía en mi mano. Había metido la pata pues la que había dejado me hubiera venido bien para hacer otra cosa. Pero ya no había vuelta atrás. Miré expectante a Robert a la espera que hiciera algo, pero me dedicó una risa divertida.

—No es obligatorio que cambies la que tienes, si la carta que has cogido no la quieres, la dejas bocarriba al lado del montón, y cuando creas que tienes una buena combinación, la dejas bocabajo.

—Ahm.... bueno, da igual. Así voy aprendiendo —dije con su sonrisa contagiada.— Te toca. —y sin decir nada comenzó a jugar también. Cogió una carta del montón y la metió en su abanico de cartas. Me quedé impresionado al ver como las colocaba e intenté hacer yo un abanico como el que tenía Robert, sin conseguir que quedara tan guay como el que tenía él. Vi que dejó la carta del As de corazones en el montón y me quedé pensativo de nuevo. Miré mis cartas y le dí vueltas a las combinaciones que vimos antes. Quizás era arriesgarse demasiado, pero iba a probar con la escalera real. Cogí el As y dejé el cuatro de diamantes sobre el montón.

Estuvimos un buen rato jugando hasta que al fin logré ganar. No sé como Robert soltaba las cartas que justo necesitaba y conseguí ganarle. Cuando vi que mi jugada era mejor que la suya, no pude evitar reírme un poco, divertido y feliz de que al menos algo, aunque fuera un simple juego de cartas, me había salido bien. Era poco, era raro, pero después de todo lo que había pasado, se necesitaba poco para arrancarme una sonrisa. Miré a Robert mientras recogía las cartas y preparaba una segunda partida y miré mis piernas un momento antes de apoyar el codo en una rodilla y mi barbilla en la mano.

—Muchas gracias por la partida Robert, es divertido —dije antes de recoger mis cartas de nuevo.

—De nada —me respondió simplemente con una sonrisa también, comenzando una segunda partida.

Tras un rato en silencio sin decir nada, solo con el sonido de las cartas escuché algo fuera. Eran unas campanadas. Miré fuera y ví que así, a lo tonto, se nos había echo de noche. Miré el calendario e hice una mueca al ver que el día veinticuatro estaba tachado, por lo que ya sabía que día era hoy.

—Feliz navidad, Miette —dijo mientras dejaba una carta en el montón.

—Feliz navidad, Robert—contesté con una mueca extraña en la cara.


*

Desperté agitado y jadeando. No tenía que ser de buen augurio que en Navidad soñaras con una pesadilla. No podía serlo. Me llevé la mano al pelo e intenté tranquilizar mi respiración tanto como pude, pero no lo terminé de lograr. Miré a mi alrededor y me encontré solo. Robert no estaba en la habitación y parecía que llevaba mucho rato fuera. Me senté en la cama asomando mis piernas de esta y apoyé mis codos en mis rodillas para respirar hondo y tranquilizarme. No podía creerme que hubiera soñado con Loring, atacándome como me atacaba normalmente. ¿Qué clase de sueño era ese? Mi cuerpo de cara a una pared y el detrás in....

No, no, no, no, no. Me negaba a pensar de nuevo en eso. Sacudí la cabeza para sacar la imagen de mi mente y abrí los ojos con la frente apoyada en mis manos. Y tanto que los abrí. Me eché hacia atrás asustado de mi mismo y sin despegar los ojos de entre mis piernas. ¿Pero qué? ¿Por qué tenía ese bulto? Me palpé las piernas y subí poco a poco hasta llegar al bulto. Lo rocé con los dedos y noté mi espalda estremecerse con ese leve roce que había echo. ¿Cómo era posible? El sueño había sido una pesadilla, no tenía mi cuerpo por qué reaccionar de esta manera. Quizás había sido de que tanto lo hiciera Loring, que al final me había acostumbrado, quizás, demasiado. Cerré los ojos mientras le frotaba la cara y dí un pequeño respingo al escuchar la puerta abrirse. Me dí la vuelta y me tumbé bocabajo, soltando un gemido al notar el peso de mi cadera apoyado en el colchón. Apreté un poco la almohada con una mano mientras tapaba mi cuerpo con las sábanas con la otra y fingía que me acababa de despertar.

—Ah... buenos días Robert —dije intentando sonar casual, sin moverme demasiado.

—Buenos días Miette —saludó Robert mientras me daba algo para que desayunara un poco. Sonreí en agradecimiento mientras me sentaba, tapándome bien las piernas para que no se viera el bulto y tomé el trozo de pan con mermelada, mordiéndolo levemente. Miré a Robert y noté como el buen ambiente que había entre nosotros se estaba disipando. De nuevo crecía la barrera.

Me aclaré la garganta y tomé un poco de agua. Me mordí el labio y le miré de reojo antes de mirar detenidamente mi trozo de pan. Respiré hondo un par de veces y luego volví a mirar a Robert. Quizás me mandaba a la mierda y se arrepentía por haberme dado de comer, siquiera, pero me daba igual. Ahora prefería que me respondiera una duda que, para que mentir, tenía desde hace mucho tiempo; pero que se había incrementando por... como estaba mi cuerpo ahora mismo. Torcí un poco el gesto y empecé:

—Robert —le llamé. Me miró al instante con un trozo de pan en la boca. Tragué saliva y me noté sonrojado, pero no me eché hacia atrás —¿Qué se siente al tener deseos sexuales? —La pregunta le pilló por sorpresa y se quedó petrificado. Giró el rostro y me miró casi asustado mientras se le caía el pan de la boca al edredón de la cama. Le devolví la mirada confuso por como me miraba él a mi y empalidecí un poco —¡AH! ¡No! No te equivoques. No me refería a... tú y yo. ¡No! No estoy tan loco, por favor. —suspiré— solo siento algo de curiosidad, la verdad. Desde que estoy aquí he estado, prácticamente, dado de la mano del sexo... y no sé que se siente cuando de verdad uno tiene ganas —dije mirando a otro lado— me parece un comportamiento raro... por lo menos para mi.

—Ah.... —le miré y tosió un poco —pues... —se aclaró un poco la garganta y alcé una ceja un tanto curioso —Bueno, eso es... es algo... normal. Le pasa a todos los hombres... —dijo mientras miraba hacia otro lado —esto... solo tienes que ocuparte del problema y ya —terminó, como si todo hubiera quedado claro. ¡Pues no había quedado claro? ¿Qué era el problema? ¿De qué me tenía que ocupar? Ladeé la cabeza un poco confuso mientras asimilaba sus palabras. Y vaya si las asimilé.

—¡Ah! ¡No! N-no me refería a eso —dije mientras me sonrojaba de golpe y miraba a mi trozo de pan como si fuera la cosa más importante del mundo. —Y-Yo solo... Solo quería saber cuando... cuándo sabes que alguien te gusta de esa manera... y te hace pensar así y... y eso —dije casi en un murmuro y tapándome la cara, dejando que el pan cayera al colchón —E-Es igual —solté mientras me destapaba la cara y mordía el trozo de pan con ímpetu —¿sabes si hay algún rio cerca o algo? —continué, cambiando de tema radicalmente, cosa que agradecí yo y, al parecer, el también —Quiero limpiarme.... un poco... pero tampoco quiero morir por que me pillen —añadí al final mientras le miraba un poco de reojo.

—Ya... bueno... verás —ahora me iría a decir que no, lo estoy viendo venir. ¡Simplemente no quiero sentirme sucio jope! ¿No puedo darme ni un baño?—Si te digo dónde poder limpiarte y te largas, tendré un problema —¿uh?—Así que voy a tener que ir contigo. ¿Te parece bien? —¿Era eso? Jope, que susto. Ya pensaba que no podía ni echarme un poco de agua encima. ¡Que no sé cuanto tiempo estaré aquí y al menos me gustaría estar limpio una vez! Lo mismo luego se cansaban de mi y me tiraban por ahí....

—Vale, no me importa —dije mientras mordía de nuevo el pan y dejaba apenas nada en mi mano.— De todas formas, no me iba a escapar. No sé donde estoy y si salgo corriendo lo más probable es que me pierda y acabe muerto de hambre en quién sabe donde —suspiré y me terminé el trozo de pan que me quedaba en la mano —la última vez que fui a las duchas me llevó Loring... —y no terminó la cosa demasiado bien.

—Pues... a la noche te llevo. Casi no hay gente en la base así que no debería haber muchos problemas para que pases desapercibido —dijo Robert de manera amable. Sonreí de vuelta y me tumbé en la cama tras sacudir un poco las migas del pan. Me quedé de lado, por lo que mis movimientos quedaban un poco más ocultos y me palpé el bulto. Suspiré más tranquilo al notar que ya no era tal la sensibilidad y que parecía irse relajando poco a poco, a medida que pasaba el tiempo.

—Muchas gracias, Robert —dije antes de darme la vuelta y mirar por la ventana. Apenas unos copos de nieve caían del cielo pero se veía que no iba a cuajar mucho. Si hubieran caído antes, hubiera sido una blanca navidad.


*

Era de noche, al fin. Estaba sentado en la cama, abrigándome los brazos con mis propias manos, frotando un poco y esperando a que Robert viera oportuno que saliéramos. Este miraba por la ventana para cercionarse de que todas las luces quedaban apagadas y que no había nadie que deambulara por la noche. Al contrario que la otra vez, al menos Robert se preocupaba por que nadie nos pillara, no como Loring, que simplemente se fue a dormir y me dejó a mi todo el trabajo, sin siquiera poder asomarme por la puerta de la tienda pues tenía el pie atado.

Me levanté al ver como, silenciosamente, se dirigía hacia la puerta y caminé con cierta lentitud. Cuando abrió la puerta, noté como cada uno de mis músculos se contraía. Los dedos de mis pies se encogieron como buscando algo de refugio y mi piel se puso de gallina. Los pocos copos de nieve que habían caído, habían formados pequeñas zonas donde sí había cuajado, mientras que el resto del suelo solo estaba húmedo y, seguramente, helado.

—Ten cuidado ¿vale? —dijo en bajo mientras salíamos de la habitación y nos dirigíamos hacia... quién sabe donde. Caminé tras suya mientras notaba que estaba tiritando. Tenía mucho frio, pero seguramente que cuando volviera Loring me tendría que aguantar este frio o más mientras no dormía en una cama, sino en el baúl. Ah... el baúl... debería  acostumbrarme pronto a él si no quería volver a dormir en el suelo.

Suspiré creando algo de vaho delante de mi nariz y la moví un poco para que no se me helara de frio. El suelo crujía bajo las botas de Robert, pero bajo mis pies solo había frío, mucho frío. Me mordí el labio mientras andaba y rezaba por encontrar algo de suelo que no estuviera helado, aunque fuera un trozo de madera que pisar, que seguro no estaba tan frio como la tierra húmeda, pero el camino se me hacía eternamente largo. Suspiré en varias ocasiones y me terminé acercando, quizás demasiado, a Robert. Tenía que resguardarme del frio de alguna manera, y esta era la única que se me ocurría.

Al cabo de un rato, para mi eterno pero seguramente que no fue para tanto, llegamos a unos vestuarios. El suelo era de piedra, pero al ser un lugar cerrado, no estaba frio. Seguí a Robert hasta las duchas y le agradecí que me acompañara antes de meterme en una de ellas. Dejé la ropa colgada a un lado, lejos del agua y abrí el grifo. Primero me cayó agua fría, helada, cosa que me hizo soltar un grito ahogado, silencioso, y separarme corriendo del agua. Pero poco a poco noté como el agua se calentaba y cuando me metí bajo esta, en mi piel helada notaba como fuego sobre ella. Me mordí el labio y cerré los ojos con unas lijeras lágrimas. El agua caliente dolía demasiado. Parecía que en cualquier momento me iba a convertir en cenizas, que era imposible que doliera tanto. Fue una sensación parecida a los días posteriores de la quemadura de la pierna y del brazo. Suspiré un poco y aguanté hasta que mi cuerpo se hizo a la temperatura, ahora completamente gradable y normal. Suspiré un poco y apoyé mi frente en la pared de baldosa dejando que mi cabeza se empapara. Daba gusto sentir el agua sobre mis hombros, limpiándome. Busqué alguna pastilla de jabón y encontré una ya terminada. No quise pedirle jabón a Robert así que me conformé con eso. Comencé a lavarme poco a poco el cuerpo primero. Paseé la pastilla de jabón por mi cabeza y cerré los ojos, comenzando a lavarme el pelo una vez me quedé sin pastilla en la mano. Suspiré mientras me colocaba bajo el grifo de nuevo y cerré los ojos. Sentí un escalofrío y me pareció escuchar como me llamaban. Abrí los ojos y me giré de golpe, encontrándome con una pared tras de mi. ¿Pero qué?

Tragué un poco de saliva y pegué mi espalda a la pared contraria y me quedé mirando la pared que ahora se encontraba frente a mi. El agua había dejado de darme y sentía frio en alguans zonas, mientras que en otras caían gotas de agua, suavemente por mi piel, creando una sensación como si rozaran mis piernas. Tragué saliva mientras agachaba la mirada. No, no. Esto era imposible que estuviera pasando. Me mordí el labio y cerré los ojos cuando la imagen de Loring se apareció ante mi.

Le veía en mi mente, como si de verdad estuviera ahí, acercándose a mi y cogiéndome de la cintura para morderme el cuello a gusto y a su vez pellizcarme los pezones. A mi me arrancaba gemidos y mis manos viajaban por su camiseta empapada, la cual marcaba cada uno de los músculos que tenía, bien formados y bien marcados. Tragué saliva mientras el se quitaba la camiseta y los pantalones y los dejaba a una esquina de la ducha. Empujaba mi cabeza hacia abajo para que lamiera su falo en toda su extensión y yo, para mi sorpresa, no me resistía, sino que lo hacía, incluso con ganas. Le acariciaba desde la base a la punta con los dedos para luego acariciarlo con la punta de la lengua y detenerme en el capullo, en la punta, para jugar un poco con ella. Me metía poco a poco su miembro en la boca y él cogía mi cabeza y comenzaba a mover su cadera lentamente. Yo le detenía con las manos y le instaba a que siguiera mi ritmo y el apoyaba su espalda en la pared y me dejaba hacer, casi desesperado por violarme la boca.

Cuando sacaba su miembro de mis labios me dedicaba a morderle el vientre y las zonas cercanas a la base a la par que le masturbaba y él, enseguida, alzó mi rostro y me mordió en el cuello y en los hombros de nuevo, poniéndome de pie. Me tomaba de las caderas y tomaba mi miembro con la mano con fuerza, apretando casi demasiado y jugando con el pulgar en mi punta, arrancándome gemidos. Él me susurraba con voz grave que no gimiera de esa manera, que tenía que mantener el silencio y continuaba torturándome mientras yo tenía que aguantar mi voz mordiéndome el labio con fuerza para conseguirlo. De pronto, cuando creía que el placer me cegaría, me giraba y me ponía de cara a la pared, me agarraba de las caderas y las llevaba hacia él para meter uno de sus dedos. Yo me mordía, ya no el labio, sino el brazo para aguantar los gemidos que salían de mi garganta, mientras él jugaba en mi interior, abriéndome y estimulándome.

Finalmente sacó sus dedos de mi interior e introdujo la punta de su miembro poco a poco, suavemente, hasta estar dentro por completo. Yo notaba totalmente en mi interior debido a la postura y él, notaba, que se sentía completamente rodeado. Sus primeras embestidas eran suaves, pero poco a poco iba acelerando. Una de sus manos viajaba por mi pecho, pellizcándome los pezones y acariciándome el cuello con eterna suavidad, hasta que se topaba con mi brazo y sabía que mi boca estaba ocupada mordiendo este. Notaba como su nariz se acercaba a mi cuello y como apoyaba su frente en mi hombro posteriormente, para estar atento a los gemidos que quedaban ahogados en mi garganta. A medida que los escuchaba, con más fuerza se movía. Bajó su mano hacia mi miembro y comenzó a masturbarlo a la misma velocidad de sus embestidas, arrancándome más gemidos que antes. Cambió su posición y noté como se introducía más adentro y buscaba lo que la últrima vez parecía haber tocado por pura casualidad. Yo intentaba aguantarme en su mano, pero me era imposible, de pronto dio a ese punto y yo....

—¿Te queda mucho? —preguntó de pronto un Robert preocupado por el tiempo, sacándome de mi ensimismamiento y haciendo que abriera los ojos. Estaba acalorado, notaba mi cuerpo temblar.

—No, ya salgo —dije mientras me tocaba y bajaba mis manos hasta mis caderas y hasta mi miembro, el cual parecía incluso palpitar. Jadeé un poco en silencio mientras me movía un poco para aclararme y notar algo extraño en mi interior. No era nada, lo sabía, pero lo que acababa de imaginar... lo que acababa de sentir mientras tenía los ojos cerrados era como si lo hubiera sentido en la misma realidad. Estuve tentado a agarrar mi miembro y comenzar a masturbarme y a ocuparme del problema ahora que podía, pero... No iba a caer. No iba a ser como ellos.

Abrí el agua fría y dejé que el calor que había sentido antes se desvaneciera por completo. Poco a poco comencé a tiritar y lo que había subido por culpa de mi imaginación demasiado activa, comenzó a bajar. Miré hacia arriba antes de cerrar el grifo del agua fría y buscar una toalla, aunque fuera vieja, para secarme. Mi cuerpo reaccionaba raro a lo que yo veía como pesadillas. Mi cuerpo estaba siendo confundido por las acciones que había tenido Loring en mi. El sexo estaba nublando la cordura y eso no lo iba a dejar pasar como si nada. Me negaba a que sucediera.

Salí vestido y con el pelo mojado y miré a Rody.

—¿He tardado mucho? —pregunté un poco preocupado.

—No, tranquilo. No ha sido demasiado, pero temía que te tomaras demasiado tiempo —me respondió mientras me miraba de arriba a abajo.

—Ah... bueno —contesté mientras miraba hacia otro lado — es que había un poco de una pastilla de jabón, pero se me cayó y como no podíamos encender las luces pues la tenía que buscar a ciegas y por eso tardé más... lo siento —añadí mientras agachaba la mirada.

—Haberme pedido ayuda —contestó. Alcé la cabeza y vi que me miraba con la ceja alzada. Aparté la mirada y agradecí que el lugar estuviera a oscuras, pues notaba que me moría de vergüenza.

—A-ahm... no... yo... —me mordí el labio. No quería decirle que mi mente estaba en plena fantasía con su compañero de cuarto. —No quería molestarte más. Ya haces bastante trayéndome aquí y dándome algo de comer todos los días, y dejándome dormir en la cama de Loring... y tal... —contesté mientras me sacudía un poco la cabeza.

—Bueno, pues volvamos que me estoy helando —dijo mientras se abrazaba los brazos y comenzábamos a caminar. Miré un momento hacia atrás y torcí el gesto. Jamás contaré lo que me ha pasado ahí dentro. Jamás.

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¡¡Feliz Navidad!!

¿Qué tal estamos? Aquí os dejo un nuevo capítulo de DCO, el especial navidad, donde parece que las cosas van bien, ¿o no? Quién sabe, vosotros juzgáis.
En primer lugar, gracias a Momo por ayudarme con este capi y la partida de Poker por que no tenía ni idea de cómo se jugaba y tal xD. Sin ella, la idea de este capi habría sido imposible pues en realidad tenía pensado un drama y tal y tal...... PERO BUEH.

En segundo lugar, aunque ultimamente no he estado muy activa por aquí, qué decir que me he leido todos los comentarios que se me van dejando. Solo que me da pereza contestar y tal.

Y por último, anunciar lo evidente: Caleidoscopio bicromático ha cambiado de Look. Debería haber sido en año nuevo, pero bueno xD estaba aburrida de cómo era el blog, y todavía no me convence, pero ahora lo veo mucho más agradable a la vista y quizás menos aburrido. Pero eso ya lo juzgan otros, no yo.

Espero que os haya gustado este capítulo de DCO y nos vemos en el estreno de "The Soul of Aleria" en este blog dentro de unos días! Aquellos que queráis leer esa historia podéis ir a ESTE sitio y lo leeréis desde el principio.


¡ Un abrazo muy fuerte a todos !


1 comentario:

  1. Es sorprendente, incluso agradable ver a Miette tratado como una mísera persona y no como un objeto, ese Robert me cae bien B)
    ¿Por qué Loring? Explícamelo por favor, Miette tiene unos gustos de mierda, es masoquista. ¿Que la distáncia con Robert es grande? Vale, es obvio ¿Más que con Loring? Supongo que porque es más duro de carácter, sus momentos de compresión valen más. Espero que sea eso.

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